domingo, 22 de noviembre de 2015

Rendidos al arte

En Valladolid hay un sitio donde se enseña a vivir bailando. Hay muchas formas de vivir, también hay muchas escuelas de baile, pero mis hijas van a Bailarte, que es una escuela de baile y vida. Las dos hermanas que la gestionan, Amaya y Macarena López Menchero, son un ejemplo diario de trabajo y esfuerzo, tanto para los alumnos como para nosotros, los padres.

En Bailarte se aprende ballet, se aprende flamenco, se aprende a bailar sevillanas y se aprenden danzas urbanas, además de teatro y canto, pero también se aprende respeto, disciplina, tolerancia, esfuerzo, autonomía y muchos otros valores que como mejor se pueden enseñar es con el ejemplo. Porque tan importante es recibir una clase maestra de las bailarinas del ballet de Moscú, como ir a bailar en Navidad a la residencia de ancianos de nuestro barrio para alegrarles un poco el día a los abuelos que allí están.

Bailar genera endorfinas, tonifica la musculatura y nos relaja. Ayuda a combatir el estrés, mejora la autoestima y la propiocepción, facilita la cooperación y el trabajo en equipo y nos permite expresar emociones usando la música como hilo conductor y a nuestro propio cuerpo como canal de comunicación. Nos hace evadirnos, nos oxigena y mejora nuestra autoestima. 


Hoy las hermanas López Menchero han reinaugurado su escuela, ubicada desde principios de este curso en un nuevo local de la calle Velázquez, más grande, más equipado, pensando siempre en los alumnos. La celebración ha consistido en un festival de actuaciones de la escuela que hemos disfrutado todos los que nos consideramos parte de esta gran familia llenando el Auditorio de la Feria de Muestras. 

Escribo esta entrada para agradecer a Amaya y Macarena su profesionalidad, su dedicación y el cariño que han demostrado hacia los alumnos, así como la ilusión que ponen en cada nuevo proyecto y el interés que muestran por las familias que llevamos allí a nuestros hijos. Es un entusiasmo contagioso el que transmiten y por eso los acompañamos en todos sus proyectos, y con ellas bailaremos siempre hasta caer rendidos, rendidos al arte.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Teatro a barlovento

Hoy hemos cenado sopa de pescado. Mi hija pequeña y yo hemos tenido la suerte de amarrar en el teatro Calderón, en la clausura de los Encuentros Te-Veo 2015, con Gorakada Teatro, no podía imaginar un final mejor.

La obra de esta tarde era  Moby Dick, en una fantástica adaptación de Julio Salvatierra. Gorakada, una vez más, ha demostrado que quienes cuentan la historia son las personas, no los escenarios, y con una escenografía simple pero original nos ha llevado de un puerto a la mitad del océano, nos ha hecho reír y casi llorar y nos ha despedido bailando con la promesa de encontrarnos en otro puerto. 

E igual que hay ballenas que sí saben cantar, también hay compañías que integran la música en directo dentro de la escena, y así, de la mano del maravilloso Fran Lausen hemos aprendido que un violín puede sonar como el resoplar de un cachalote, y nos hemos emocionado a ritmo de pizzicato esperando a que Moby Dick apareciera, y hemos bailado Katiusha con el acordeón de Unai Laso.



Hacer divertida una historia como ésta no es fácil, hacerla tierna, menos aún. Desde aquí quiero agradecer a Gorakada teatro lo que nos han hecho disfrutar esta tarde y a la Asociación Te-veo por pensar en el público infantil. Gracias a su selección de espectáculos, ayer pudimos ver a Joan Miró convertido en coreografía de la mano de Arcaladanza. Esperamos con gran ilusión cada año el mes de noviembre para ver teatro a barlovento.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Algunas varitas sí que son mágicas

Esta noche me han disparado los contrabajos, me he enfrentado al ejército japonés a orillas del río Kwai y he hecho el amor con Lara Antipova. No es que haya hecho un maratón de cine en casa, aunque las nieblas del día invitaban a ello, es que he asistido al maravilloso concierto de la Film Simphony  Orchestra, un concierto para cinéfilos y amantes de la música sinfónica, o según los objetivos que mueven a su director, para cinéfilos que se acercan a dicha música.

Constantino Martínez-Orts, cuyo currículum es más extenso que sus vestiduras, y ya es decir, en su afán por divulgar la música sinfónica decidió especializarse en música de cine, y así surgió la Film Symphony Orchestra, que es capaz de transportarte al cine con los ojos cerrados y así recorre España en su gira anual llenando cualquier recinto al que se enfrenta, incluido Las Ventas,  con 10.000 personas en su último concierto.

Desde mi fila 15 me siento en un bosque: los violines son las ramas de los árboles, meciéndose con el viento, y a su lado tintinea un arroyo maravillosamente pulsado por Ana Reyes, la arpista. La flanquea al piano Bautista Cármena, especialmente protagonista en temas como La teoría del todo, que a mí me ha encantado. Detrás los instrumentos de viento, desde la dulzura de las flautas hasta el fragor de los trombones y al fondo, como siempre, la percusión disciplinada o terrible, según su intensidad.


Cada intervención del programa resume una película en una interpretación musical de tres o cuatro minutos. En cada una de ellas cobra protagonismo un instrumento, así tenemos el solo de flauta en E.T., el apasionado duo de violines en Leyendas de pasión o el acordeón en Doctor Zhivago.

El entusiasmo del director es contagioso y se percibe en cada saludo al público, pero la respuesta del público es proporcional. Parece estar esperando con ansia la última nota de cada tema para aplaudir con fervor. Cuatro bises hemos conseguido, y en uno de ellos bailaron hasta los contrabajos. En otro. Constantino propone al público hacer una intervención a medias, silbando la canción de El puente sobre el río Kwai mientras la orquesta toca piano de fondo, así que hoy puedo decir que Martínez-Orts me ha dirigido. Aún ahora, mientras escribo, revivo parte de la emoción del concierto escuchando el cd de la pasada gira, que por supuesto me compré.



El concierto se termina, inevitablemente. Antes he estado corriendo entre dinosaurios, luchando por la supervivencia del planeta y al pie de las colinas del Ngong, y todo esto porque algunas varitas, o batutas, sí que son mágicas.