martes, 27 de diciembre de 2016

Teta y teatro

Cuando nace un niño, sólo necesita tres cosas: rutinas (sueño/comida), cariño y estimulación precoz. El teatro sólo le puede dar dos de ellas, tú deberás encargarte de que coma y duerma, y no creas que esto siempre es tarea fácil. En fin, pasar del útero al escenario de la vida es complicado pero hermoso y sobre todo, es un camino que nunca se hace solo, y una de las muchas formas de disfrutarlo es llevando a tu bebé al teatro. Hace poco se ha descubierto que la lactancia materna potencia el desarrollo intelectual del niño. El teatro es una actividad perfecta para ese cerebro en desarrollo ávido de estímulos.

Mañana 28 de diciembre comienza la temporada de teatro para bebés en el Teatro Calderón, el Calderón en pañales, y por eso hoy quiero hablaros de por qué es importante llevar a un bebé al teatro, cómo disfrutar al máximo esta experiencia y cómo prolongarla más allá de los cuarenta minutos que suelen durar estas funciones.



10 Razones por las que llevar a un bebé al teatro.

  1.  El cerebro de los bebés es plástico y asistir al teatro creará en él miles de nuevas conexiones neuronales, desarrollando zonas que de otra forma no surgirían. Esto sólo ocurre en los primeros dos años de vida, se llama sinaptogénesis.
  2. Se aprende respeto, al tener que estar atento y en silencio.
  3. Estimula su afectividad, al compartir con sus padres una actividad lúdica. Establcen relaciones de apego seguras con el adulto que los acompaña.
  4. Facilita la expresión de emociones, algunas por reacción y otras por modelado (imitación).  
  5. Imitar o seguir ritmos constituye un ejercicio de psicomotricidad.
  6. Desarrolla su capacidad musical al convertirlos en intérpretes y consumidores de música.
  7. Mejora su capacidad de atención.
  8. Aflora su capacidad crítica, porque aprenden a distinguir lo que les gusta.
  9. Se relacionan con otros bebés en un entorno cultural orientado a sus cinco sentidos con un lenguaje escénico específico para su etapa del desarrollo.
  10. La entrada cuesta lo mismo que un paquete de tabaco y sólo mata el aburrimiento.
Teloncillo Teatro: Olas

Cómo disfrutar al máximo de esta experiencia: consejos prácticos para padres espectadores.

Ir con un bebé a cualquier sitio es distinto y conlleva una "logística" especial. En el caso del teatro lo importante es no perder de vista que vamos a una actividad divertida, nuestro objetivo principal es disfrutarla y los demás van a lo mismo. Todos los que están allí (padres, actores, técnicos, personal del teatro..) saben perfectamente cómo es un bebé y que no siempre se comporta como en los anuncios de pañales. Nadie te va a examinar como educador, relájate, disfruta y no olvides apagar tu móvil.

Si tu hijo es pequeño, siéntate cerca o con él en brazos, así podrás controlar sus reacciones y además él se sentirá más seguro, recuerda que estás fortaleciendo vuestra relación de apego. A partir de ahí, déjate llevar, escucha la música e intenta imaginar cómo es el espectáculo desde el punto de vista de un bebé. Haz gestos que le inspiren confianza, como cogerlo de la mano, mecerlo con la música si lo tienes en brazos, reírte a la vez que él se ríe, con complicidad.

Éstas son algunas cuestiones que se plantean los padres que llevan bebés al teatro:

  • ¿Y si mi hijo se porta mal? Para contestar esta pregunta hay que delimitar qué es portarse mal para un bebé: tu hijo se está "portando mal" cuando no permite que los demás disfruten de la representación (lloros excesivos, movimientos incontrolados, gritos). En estos casos hay que salir de la sala, tranquilizarnos ambos (bebé y padre/madre) y decidir con calma si estamos en condiciones de volver o si es mejor dejarlo para otro día.
  • Mi hijo habla, se mueve, baila, gatea, suelta expresiones, se ríe, etc. durante la representación. Todo eso es una consecuencia de estar vivo. Los niños de 0 a 3 años no han desarrollado apenas ninguna norma social y actúan de manera espontánea: nada de eso molesta ni interrumpe la representación. Si quieres que esté en silencio (cosa recomendable), no le hables, hazle gestos para que se calle. Si se pone de pie o se mueve demasiado, colócalo con delicadeza en su sitio, en silencio. También puedes sentarlo en tu regazo si ves que se mueve demasiado.
  • Le tengo que explicar lo que pasa a mi hijo porque es muy pequeño. Es teatro para bebés, lo más probable es que lo entienda él mejor que tú. En todo caso, vuelvo a lo de antes, si quieres que esté callado, no le hables. Además, si le vas explicando todo, le estás dando una visión de adulto que contamina su forma de interpretar lo que ve. Déjalo ver el mundo con ojos de bebé.
  • Mi hijo no hace lo que se espera de él. Si los demás niños hacen gestos, tocan palmas, cantan y el tuyo no, puede ser por tres motivos: es demasiado pequeño, le da vergüenza o simplemente no le apetece. No significa que no le esté encantando, pero seguro que lo disfruta más si tú también lo haces, y acabará imitándote.
  • Mi hijo se ha dormido. Puede pasar que los bebés de menos de un año se queden dormidos en el teatro. Las luces se apagan y el ambiente es muy relajante. Eso no significa que no haya disfrutado del espectáculo: ¿acaso no recuerdas cuando le ponías música durante el embarazo? Si intentas mantenerlo despierto, probablemente no disfrutará nada. 
Caramuxo Teatro: En casa

Cómo prolongar las vivencias escénicas más allá de la función.

Algunos padres son reacios a llevar a sus hijos pequeños al teatro porque tienen la idea de que van a olvidarlo todo en cuanto salgan, y yo siempre digo que eso depende sólo de los padres. El teatro está lleno de estímulos para ese cerebro en desarrollo y por tanto resulta una experiencia multisensorial cuyo recuerdo se puede evocar de distintas maneras, según la edad y las características del niño:

  • Habla con tu hijo sobre lo que habéis visto. Si él ya habla, puedes preguntarle por las cosas que más le han gustado, los personajes, objetos, música....Si no habla, obviamente será un monólogo: cuéntale lo que te ha gustado a ti, verás cómo te escucha atentamente. Si es muy pequeño puedes repetirle las palabras fundamentales y ayudarte con imágenes, juguetes o dibujos.
  • Canta o tararea las canciones que habéis oído. Suelen ser muy pegadizas.
  • Cuéntale a tu hijo la historia como si fuera un cuento. Esto es un ejercicio de imaginación, porque el teatro para bebés no siempre tiene argumento, pero puedes inventar una historia a partir de los personajes y del hilo argumental, y seguro que a tu hijo le encanta.
  • Algunas compañías venden merchandising a la salida. Es una forma de llevarte un recuerdo bonito (disco, camiseta, póster, chapa..). Yo confieso que siempre me autorregalo el disco.
  • Pídele a tu hijo que haga un dibujo sobre el espectáculo o hazlo tú si es muy pequeño. Opciones para pésimos dibujantes como yo, son la plastilina, el collage...
  • Algunas compañías fomentan estas experiencias de recuerdo con pequeños regalos a los espectadores: un recortable, un pequeño dibujo para colorear, un globo...dan parte del trabajo hecho.  
Higiénico Papel: Vientos del mar

Éstas son mis recomendaciones pero me ha faltado el consejo principal: disfruta. Hazte bebé durante el tiempo que estés allí y todo el tiempo que puedas fuera del teatro. La edad pediátrica del bebé es de 0 a 2 años, estos espectáculos están pensados para una franja de edad entre 6 meses y 6 años, que es la edad en que los niños descubren el mundo y lo hacen de una forma lúdica. Esa capacidad de encontrar un juego en todo lo que hacen, de divertirse, de cambiar rápidamente de estados emocionales y de vivir el presente, desaparecerá más tarde con el desarrollo del sobrevalorado pensamiento lógico. No desperdicies la oportunidad de acompañar a tu hijo en esta etapa tan divertida. Dale teta y teatro a tu bebé.


domingo, 18 de diciembre de 2016

Optimismo entre cajas

¿Cómo es posible que una obra cuyo tema principal es el suicidio asistido transmita a su público la alegría de vivir? Pues eso fue lo que nos pasó el viernes con HappyEnd, de Vaivén Producciones, fantástico y feliz final para el acto de entrega de los Premios Literarios Kutxa Ciudad de San Sebastián. Después de una ceremonia en la que había habido música en directo, dedicatorias emotivas, declaraciones de amor a la palabra escrita y una preciosa descripción del proceso creativo, en el Teatro Principal se respiraba un ambiente de optimismo literario, y ninguno de los presentes parecía necesitar nada más, o al menos eso pensábamos mientras esperábamos que la anunciada comedia muy negra diera comienzo.

HappyEnd empezó y verdaderamente nos hizo reír de principio a fin, pero consiguió mucho más que eso: nos planteó un dilema moral que nos mantuvo en vilo todo el tiempo, nos hizo reflexionar sobre temas actuales, nos zarandeó en un juego dicotómico en el que lo irreal era más lógico que lo real y jugó con nosotros al gato y al ratón sorprendiéndonos en más de una ocasión con giros inesperados del guion. Hacer comedia en general es muy difícil. Hacer una comedia negra tan tierna que consiga enamorar al público de sus personajes hasta el viernes me parecía imposible.


Confieso que nunca habría ido a ver HappyEnd por propia elección. Los títulos en inglés se me resisten y las comedias normalmente me decepcionan, porque a veces tienen forma de monólogo transformado y las peores parecen una recopilación de chistes de Facebook, o quizás es que yo soy muy seria. En HappyEnd Vaivén Producciones ha dado en la tecla: diálogos cortos y divertidos en una acción rápida, espacio escenográfico amortizado al máximo, encuentros y desencuentros, temática actual, ironía galopante, drama y empatía hilvanados en una red que atrapa al público, hasta tal punto que algunos espectadores hacen comentarios en voz alta a los actores como si éstos estuvieran en el salón de su casa.

Con Ana Pimenta
¿Cómo se consigue todo esto? Partiendo de un texto avalado por alguien de la talla de Borja Ortiz de Gondra y expandiéndolo en un proceso de creación colectiva en el que tanto el director como los actores y algunos otros miembros del equipo han aportado su granito. Iñaki Rikarte debe ser algo así como un dios de la escena porque, o posee el don de la ubicuidad, o es imposible que haya tenido tiempo de trabajar tanto en su corta vida. El hecho de que la obra proceda de un acto de creación colectiva se percibe en el resultado final que tiene un efecto mosaico, fruto de las distintas aportaciones e integrador, puesto que todo el equipo se reconoce a sí mismo en alguna parte de la historia.

Me ha gustado mucho el trabajo de los tres actores: Xavi Donosti (la ingenuidad y la ternura), Vito Rogado (la ironía y la personalidad dual) y Ana Pimenta (el drama y la resolución de problemas). Martín, Gabriela y Ainhoa son tres personajes que crecen con la historia, que evolucionan en su trabajo actoral, que intercambian puntos fuertes y acaban siendo tres personas mucho más completas y controvertidas a la vez al final de la obra. En una obra que versa sobre el suicidio, todos  se hacen imprescindibles y el público suplica en cada giro del argumento que ninguno de ellos lo consiga.

También quiero felicitar a Íkaro 57 por una escenografía que no se hace monótona aunque toda la acción transcurre en la misma habitación. Además de la rapidez de los diálogos y del humor presente en todo momento, la utilización de este espacio escénico por los tres actores hace que no sea monótono, sino versátil. El espacio sonoro me ha parecido muy ajustado a las necesidades del argumento: Iñaki Salvador ha hecho un gran trabajo.

HappyEnd sorprende al espectador más allá de los aplausos supuestamente finales. Entré como espectadora escéptica y poco dada a comedias y salí con un optimismo que surge entre cajas y se contagia al patio de butacas. Hasta creo que fumigan dopamina y no lo dicen. Deseando estoy que en un próximo Vaivén me encuentre otra vez con vosotros en algún escenario.



martes, 13 de diciembre de 2016

Música con superpoderes

Impresionante el programa que trajo el domingo la Film Symphony Orchestra al Auditorio Miguel Delibes. Mi hija mayor y yo compramos las entradas hace más de un mes y las teníamos almacenadas con el cariño de saber que probablemente sea el último espectáculo en directo que veamos este año y la ilusión de terminar nuestro 2016 escénico con música de primera. Mientras veíamos a los personajes de ficción disfrazados hacerse fotos con los asistentes, pensábamos en el concierto que disfrutamos el año pasado (grandioso) del que por fin podríamos comprarnos el disco.

Esta vez hemos empezado en el oeste, con Silverado, de B, Broughton, pero nuestro viaje nos ha llevado de un lado a otro de la galaxia (Star Trek into darkness, Star Wars VII), nos ha emocionado con el amor por el cine de Salvatore (Cinema Paradiso) o nos ha hecho bailar a bordo de un barco fluvial en la Francia más rural (Chocolat). La Film Symphony Orchestra sigue trabajando como cada año por el acercamiento al público general de la música sinfónica aprovechando la popularidad del cine, porque ¿qué puede haber más grande para un jedi  que una orquesta galáctica frente a él?

El corazón de esta orquesta con superpoderes es su director, Constantino Martínez-Orts, que transmite su entusiasmo por la música sinfónica y el cine en cada concierto, además de hacer de cada espectáculo un ameno recorrido didáctico por la historia de la música de cine, anécdotas incluidas. Estas pequeñas introducciones hacen que el público disfrute más aún de cada melodía, que la desee durante la presentación y que la digiera por la ruta guiada hecha por Martínez-Orts, fijándose en cómo la dificultad de ejecución de la partitura de Harry Potter hace volar los dedos de los violinistas, en la fuerza del viento y la percusión de La gran Evasión Conan el Bárbaro, o el sabor intensamente dulce con forma de acordeón de Chocolat en manos de Juana García López.

Mis recuerdos del concierto van de un lado a otro del escenario, porque Martínez-Orts exprime en sus repertorios todo el elenco de músicos que lleva y se recrea luciendo a uno o varios solistas en cada tema. Yo confieso que mi favorita es Ana María Reyes Rojas, la arpista, que nos deleitó especialmente en la Suite de Gremlins o en el tema de Harry Potter y la piedra filosofal. También disfruté mucho con la exquisita y sensible interpretación de Manuel Serrano Lledó en La lista de Schlinder. Me es imposible quedarme con un percusionista, porque todos los que lleva la FSO son tan polifacéticos como divertidos. La percusión y el viento son el alma de esta orquesta: profundos, continuos, intangibles. Del viento, destacaría a Francisco Javier González Iglesias, que me enamoró con su trompeta en Gremlins y en las grandes marchas, Por último, me encantó la capacidad de Elena Caurin Mellado de envolver con el sonido grave de su contrabajo a la orquesta en ciertos momentos. 

Salimos del concierto hollywoodiense a la niebla castellana, ésa que te hace creer en Dios o en la música. Nos fuimos tarareando los temas que más nos habían gustado, con el disco del concierto del año pasado en la mano y deseando que llegue otro diciembre para volver a ver a Constantino, nuestro particular caballero oscuro, y disfrutar de sus superpoderes. 





lunes, 12 de diciembre de 2016

Carmina gitana

Que Dios me perdone, pero cuando leí que en el Teatro Zorrilla iban a representar Carmina Burana, en lo último que pensé fue en flamenco, y cuando mis ojos siguieron leyendo y vi Ballet Flamenco de Madrid, me resultó tan paradójico como pensar en Lola Flores bailando Adeste fideles. Razón de más para ir a verlos, pensé, pero por si acaso, voy a ver el vídeo promocional en YouTube, que no está el bolsillo para hacer experimentos escénicos. 

Pocos minutos después, estaba poniéndole el vídeo a mi amiga Paqui (gaditana también y aficcionada al flamenco, como yo) sin sonido, y preguntándole qué música pensaba ella que sustentaba esa coreografía. Pasadas unas diez respuestas, ninguna hablaba de un códice medieval transformado en cantata escénica a principios del siglo pasado por Carl Orff, era de esperar. Compartir con Paqui mi experiencia en YouTube tuvo cierto puntito de crueldad, porque yo sabía que ella por compromisos familiares no podía venir, pero camino de la taquilla le envié el vídeo a mi amiga Pilar y me contestó enseguida: para mí compra tres.

Así que allí estábamos el viernes, en segunda fila, olvidándonos de los 2º de temperatura que había en la calle desde el segundo acorde, sumergidos en el medievo alemán y rezumando duende por los cuatro costados, por muy paradójico que pueda parecer. Para empezar, quiero que os quedéis con un nombre: Luciano Ruiz, director, coreógrafo, responsable de la puesta en escena, del vesturario y el argumento y mago, sin ninguna duda, porque convertir Carmina Burana en un espectáculo coral de danza de alto nivel fundiendo dos culturas tan ambivalentes como la germánica y la flamenca es un acto de divinidad o hechicería, sin ninguna duda. Desde aquí le envío mis respetos y mi fidelidad incondicional a él y al Ballet Flamenco de Madrid de ahora en adelante. Su Carmina Burana ha sido el espectáculo de danza que más me ha gustado de los que he visto este año.

Obviamente Ruiz no estaba solo, orquestaba esta maravillosa coreografía junto a Iván Gallego y Francisco Guerrero, contaba con un elenco de bailaores impresionante y todo ello bajo la iluminación de Dan Tiberiu y Diego Pérezagua, que a mí particularmente me gustó mucho. LLevar un cuerpo de baile de 21 bailarines y cuatro solistas a un escenario no excesivamente grande como es el del Zorrilla constituye un desafío a la gravedad, a la física, a la coordinación y a la capacidad visual del espectador.

Carmina Burana se divide en 25 números que pasaron ante nuestros ojos vertiginosamente en poco más de 60 minutos. En ellos disfrutamos con la ejecución de los solistas, pero sobre todo con las coreografías de conjunto, en las que se nos mostró que el flamenco es la forma que tiene el alma de expresar a través de la danza sus estados, y sentimos en sus cuerpos la pasión, el miedo, el amor, la incertidumbre, la alegría, la esperanza, la nostalgia...todo ello envuelto en un vestuario infinito, exquisitamente elegido para cada escena, delicado y necesario a la vez. Mientras mi mente busca las palabras para describir lo que vimos el viernes, mi cerebro entona una y otra vez la melodía de Carl Orff, asociada indeleblemente a esas imágenes, como si el alemán la hubiera escrito en Jerez de la Frontera.

Los números de Carmina Burana se mezclan en mi recuerdo, de manera que me resulta difícil delimitar el comienzo de unos y otros, pero recuerdo con especial cariño la escena de amor entre Alexandra (Noelia Casas) y Peter (Francisco Guerrero), en la que enlazaban sus cuerpos en una entrega total y absoluta. También me gustaron mucho los números de la taberna y las danzas femeninas en el prado. Todo transcurrió muy rápido, Carmina Burana terminó y mientras aplaudía con tristeza, sólo pensaba en todo lo que me había perdido, y en que si hubiera ido a la sesión de las 19, aún podría haber comprado entradas para las 21:30, porque en una sola vez es imposible verlo todo. El telón seguía bajado y nadie salía a saludar, cuando de repente se escuchó algo y pensé: ¡Dios mío, si eso es un cajón!


Por culpa de la emoción, yo en ningún momento había leído la segunda parte del programa: Carmina Burana y Fiesta Flamenca. Eran el cajón de Rafael Jiménez, la flauta dulce de Moisés Pascua (una maravilla), la guitarra de Carlos Enrique Jiménez y la voz de Basilio González, y con ellos vino el duende al Teatro Zorrilla. No faltó nada en esta fiesta flamenca: grandiosos números de los solistas, un precioso número con bastones, el cuerpo de baile volviendo a hacer de las suyas con castañuelas, con abanicos, con todo. Cuando ya Francisco Guerrero nos había dejado sin aliento (y casi sin huellas dactilares de aplaudir), vino Vicky Duende con su taconeo más rápido que el ojo y nos remató. 

Esta segunda parte no era necesaria, porque ya estábamos rendidos con la primera, pero el conjunto de las dos ha demostrado sobradamente que el Ballet Flamenco de Madrid se puede atrever con todo,que cuando un árbol tiene una profunda raíz de conocimientos clásicos, cualquier injerto enriquece el sabor del fruto y lo mejora. Gracias a todos por hacer de nuestro flamenco vuestra bandera y por hacer la Carmina Burana más gitana y hermosa de la historia.




martes, 6 de diciembre de 2016

El teatro es un tesoro

El sábado pasado, mi hijo pequeño y yo pasamos la tarde buscando un tesoro en el Teatro Calderón de la mano de Álex Díaz y Javi Tirado en una producción de Eme2 con textos de Jokin Oregi. Vimos Jim y la isla del tesoro, basado en la famosa novela de Stevenson, adaptada a niños de primaria con afán aventurero.

Nos recibió una escenografía austera de rocas peladas que inicialmente no nos sugería nada en especial, pero ayudaba a mantener la intriga:

-Yo creo que va de piratas- le dije a mi hijo.
-No mamá, mira qué montañas. Seguro que va de dinosaurios.

Mientras nos sentábamos, no dejamos en ningún momento de escuchar la preciosa música de Santiago Ramos, con mención especial a la flauta de Óscar López que nos acompañó toda la tarde con sonidos marineros y claramente gallegos que disfrutamos mucho. En cuanto empezó la representación, las rocas de la escenografía inicial cobraron sentido dentro de un escenario en constante cambio, siempre a partir de la simplicidad, jugando con la sorpresa y la complicidad del espectador.


Estos gallegos nos conquistaron desde el principio, y lo hicieron con buenas artes teatrales: la adaptación del texto, la ternura matizando los momentos críticos, la idiosincrasia de cada personaje, el humor omnipresente, la estética de todo el conjunto, las marionetas que todos queríamos llevarnos a casa....Seguro que nunca pensó Stevenson que su obra podría hacer reír tanto a los niños en lugar de temblar. Muchos adultos creen que hacer reír a un niño es cosa fácil: son aquellos adultos que ya se han olvidado de cuando eran niños. A los niños no les vale todo, y aunque sean pequeños, distinguen el humor integrado en la historia del forzado a pinceladas sobre el texto.

Con Jim y la isla del tesoro nos reímos casi todo el tiempo, con un humor tan infantil y tan bien engarzado en la historia que ahora en mis recuerdos, no creo que se pudiera contar de otra manera. Pero no sólo nos reímos: nos emocionamos, nos sobresaltamos, nos asustamos, escalamos montañas, deseamos con todas nuestras fuerzas que un cañón llamado Margarita fallara el tiro y hasta aprendimos a hacer sopa de pescado. Vimos el mundo de los adultos desde los ojos de Jim y no resultó sencillo, porque los niños no siempre entienden todo lo que hacen los adultos y éstos no siempre son lo que parecen (hasta al pirata más sanguinario le pirran los besos).

La isla del tesoro no es una historia fácil para la escena y tampoco es una novela para niños de primaria. Tiene muchos personajes, muchos escenarios, una acción sofisticada, nombres en inglés, situaciones duras...La adaptación de Jokin Oregi tiene todos los ingredientes necesarios para convertir esa masa original en un delicioso bizcocho para niños que nos encantó a todos los presentes. Aunque Afonso Agra nos pone en situación y enlaza con su voz en off las distintas escenas, el texto, como las buenas redes, no tiene ningún hilo suelto, y todos los personajes (desde la gaviota al doctor Livesey) suman valores, significados, intereses y un sinfín de datos que dan sentido a la historia más allá de la narrativa lineal.

Rocío González y Toni Salgado hacen un trabajo magnífico en un espacio escénico cuidado al máximo y manipulando unas marionetas que cuentan la historia vertiginosamente y de una forma increíblemente coral, teniendo en cuenta que sólo suman cuatro brazos, o eso me pareció. Sin dejar de contarnos la historia a través de unas marionetas preciosas, han hecho que surjan las olas del mar, han recreado la posada del almirante, han convertido la isla inicial en un barco y hasta les ha dado tiempo de pasear a un delfín y a un tiburón.

Cuando salíamos, oí que otra madre le preguntaba a un niño qué le había parecido y él le contestaba me ha encantado mucho. Jim y la isla del tesoro quedaría en nuestros recuerdos como la historia de piratas que vimos el sábado, que no es poco, pero por culpa de estos textos, esta música, esta escenografía y estas marionetas, supone mucho más, porque gracias a Jim, el sábado descubrimos que el teatro es el verdadero tesoro.


martes, 22 de noviembre de 2016

Rosa caramelo y las niñas listas

Como todo lo bueno se acaba, el domingo mi hija pequeña y yo nos despedimos de los XVIII Encuentros Te Veo con M de Mujer, de Mensaje, de Música y de Meigas, porque con una compañía gallega, nunca se sabe...Vimos Rosa caramelo y otras historias, escenificación a cargo de Talía Teatro basada en cuatro cuentos de Adela Turín, autora italiana conocida por su vinculación al movimiento feminista, cuyos principios vierte en formas literarias dirigidas a los más pequeños para potenciar la coeducación, única base sobre la que se puede construir la igualdad de género.

Tengo dos hijas y un hijo, y me encanta, porque en las casas para educar en igualdad tiene que haber de todo. La igualdad de géneros es algo incuestionable para mí, aunque también lo es el hecho de que en la vida real no siempre se refleja. Aún así, no me considero feminista, porque creo que esta ideología, al defender a ultranzas a la mujer, a veces alimenta la guerra de géneros, y yo estoy en contra de todas las guerras. A mis hijas siempre les digo: de todas las palabras que terminan en -ista, lo único que quiero que seáis es listas.

Aún así, la coeducación es un tema que me interesa mucho y tenía bastante curiosidad por ver el planteamiento que hacía Talía Teatro de estas cuatro historias. Lo primero que me llamó la atención y me gustó mucho fue ver que en el escenario sólo había hombres. Un planteamiento paradójico muy acertado: hombres para contar historias de liberación de féminas oprimidas por otros hombres. Desde esta óptica, los personajes femeninos salen fortalecidos y los masculinos no resultan tan ridiculizados, los estereotipos de género se relativizan.

Con Fernando Fraga y Artur Trillo

Todo el montaje de Rosa caramelo y otras historias es tremendamente dulce más allá de su sugerente título: la combinación de colores del escenario, el traje Rosa de Artur Trillo, su marcado acento gallego, las melodías del acordeón de Fernando Fraga, la forma de hilvanar tres historias a través de una cuarta, el ritmo pautado e intimista del discurso que nos hizo sentir como si nos estuvieran contando cuentos al lado de la chimenea, las ventanas de la escenografía que se abrían hacia otros mundos literarios, y sobre todo, los finales felices para todos.

Creo que Paula Carballeiro, que es una gran contadora de cuentos, ha logrado en Rosa caramelo y otras historias dar un enfoque caleidoscópico a la difícil temática de los roles de género, de manera que tanto niños como niñas puedan aprender de este montaje un mensaje global imprescindible para su integración en una sociedad más justa: sé lo que tú quieras si etiquetarte, no lo que quieran otros. Cuando un caleidoscopio además suena a acordeón, es porque todo lo que vas a aprender de él va a ser bonito.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Un dragón me ha despertado

Domingo, 8:15 de la mañana, silencio, calefacción y ausencia de despertador. De repente, alguien me zarandea, es mi hija de siete años:

-¡Mamá, mamá!

-Vete a la cama, es muy temprano, ¿qué pasa?


-¡Por dios! Anda, vente aquí conmigo y dormimos un poquito más.

Mi hija se metió en la cama, pero en lugar de dormir me hizo un resumen pormenorizado de la obra que vimos ayer en el Teatro Calderón dentro de los XVIII Encuentros Te Veo, con M de Música, de Marionetas, de Magia y de Mitología, porque los dragones son seres mágicos y mitológicos. La obra Hay un dragón en mi bañera  es la adaptación en castellano de Per terra de dracs, que ha tenido mucho éxito en Cataluña, ahora sabemos por qué. 

Con Pep López,
domador de instrumentos
y dragones
El episodio de esta mañana sólo ha sido la guinda final de un pastel que nos hemos comido antes, durante y después, que es como se disfrutan los buenos espectáculos. Ayer veníamos en el coche ya debatiendo sobre cómo sería la obra, porque uno de nuestros cuentos favoritos es de dragones, aunque lo de la bañera nos descolocaba un poco. Cuando llegamos al teatro, nos recibió Pep López con su organillo y un gigantesco dragón junto al que te podías fotografiar, cosa que hizo mi hija encantada. Yo preferí hacerme la foto con Pep, y confieso aquí sin que nadie se entere, que ya estaba encandilada por el organillo y aún no había visto la obra.

Afonix Producciones y Pep López definen este montaje como concierto multimedia y encuentro que es una definición muy acertada de lo que pudimos disfrutar ayer mis hijos pequeños y yo, Todo el espectáculo gira en torno a los dragones, que son el hilo conductor y nexo de las distintas historias que se cuentan, protagonistas de las canciones, misteriosos, inteligentes, entrañables y simpáticos hasta cuando se comen a medio pueblo....Más allá de los dragones están el humor, la música con mayúsculas, el buen hacer de Pep sobre el escenario, la ubicuidad y simpatía de Pep Collell, músico polifacético, y por supuesto, los dibujos animados de Montse Baqués y las ilustraciones de Laura Príncipe.

Photocall de la entrada
Lo de ayer no fue teatro para niños, sino teatro con niños, y eso los niños lo perciben, lo viven y lo disfrutan con diferencia, y por supuesto, los padres también. Cantamos, bailamos hasta el punto de que nos costó mantenernos en nuestros asientos, reflexionamos, conocimos instrumentos nuevos, nos reímos todo el tiempo, nos emocionamos, montamos en patinete con las debidas precauciones..... interactuamos tanto que hasta tuvimos que ayudar a Pep con alguna rima. Yo salí agotada y mis hijos tarareando las canciones que nos habían "prohibido" cantar. Pocas veces salgo del teatro con la sensación de haber disfrutado de un espectáculo redondo de principio a fin, ayer fue una de ellas. Hay un dragón en mi bañera es lo que más me ha gustado de lo que he visto en estos XVIII Encuentros Te Veo.

Desde hace algún tiempo veo que las nuevas tecnologías y el contenido multimedia (como en este caso los dibujos animados), forman parte con mayor frecuencia cada vez del teatro infantil. A mí me parece un acierto porque a los niños hay que hablarles en su lenguaje para captar su atención, y luego te los puedes llevar a donde quieras. Eso ocurrió ayer, con un contenido multimedia totalmente coordinado con el discurso lingüístico de López y musical de Collell. Y una vez captada esa atención que Pep López se encargó de mantener hasta el final, recibimos una lluvia de valores (amor, respeto, empatía, amistad), conocimientos (instrumentos exóticos, fábulas mitológicas, culturas lejanas) y mensajes (acepta las diferencias, desconfía de los secretos, negocia, busca soluciones). Todo ello soportado en un espacio sonoro grandioso y tremendamente divertido con jazz, folk, swing y otros estilos, orquestado por varios músicos que acompañaban a ratos en escena a nuestros dos Pep. Además, entrenamos la memoria y a los mayores nos dieron una clase gratis de inglés...


Va a ser más difícil olvidar a este dragón que encontrar una princesa que se sepa el Himno de Riego. Hoy hemos estado recordándolo todo el día: las anécdotas, las canciones, comparándolo con otras historias que sabemos.  Hemos interiorizado el montaje y nos hemos declarado en rebeldía: vamos a mantener a este dragón en nuestra bañera hasta que Pep López vuelva por tierras castellanas.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Saltando en un mar de sensaciones

Hoy por primera vez he ido al teatro para bebés sin acompañante, ya que mi hijo pequeño había acudido con mi marido en el primer pase de Jop! de Teatro Tyl Tyl y yo he ido en el segundo. Los XVIII Encuentros Te Veo han continuado en el Teatro Calderón con M de mujer, de Música y de Malabaristas, en esta ocasión. Tyl Tyl tiene como objetivo prioritario acercar el arte dramático a la primera infancia desde un entorno lúdico pero íntegramente profesional, para lo cual trabajan con docentes, con madres y con todo aquél que comparta su visión del teatro como forma de explorar el entorno para los bebés y como forma de integrarse en él para los niños.

Jop! no tiene un argumento lineal, su hilo conductor es la sorpresa continua, el sobresalto onomatopéyico y real que se sucede todo el tiempo mientras Daniel Loveccchio y Ave María Tejón se desplazan por un espacio escénico en continuo cambio y cada vez más sofisticado. Esta escenografía de Alfredo Gómez comienza pareciendo los barrotes de una cuna y crece a lo largo de la obra como sus espectadores: tambaleándose al principio, sirviendo de soporte a todos los juguetes que "saltan" de las manos de Daniel y Ave al final. 


Desde una iluminación tenue, relajante, de brillos y destellos que simula el vientre materno, Jop! es un despertar a la vida a través del juego y la música. La expresión corporal, los sonidos repetitivos, el eco como expresión de diálogo entre los personajes, la aparición de distintos instrumentos que apoyan la interpretación y las canciones son los elementos que conectan a los bebés con esta experiencia dramática multisensorial. Durante la obra todo se mueve y crece: los objetos, el escenario, los actores, el ritmo de las canciones...sin embargo, los espectadores contemplan este espectáculo absortos y relajados, concentrados, diría yo, para no perderse nada. El silencio reina en general entre el público, excepto a mis espaldas, que había un cronista de unos dos años que nos iba haciendo un resumen de todo: el pez, el malabarista, las pelotas....porque los niños de dos años se relacionan con su entorno mediante la verbalización, cosa que no necesitan los bebés y por eso disfrutan más de sus sentidos.

Con Daniel Lovecchio y Ave Mª Tejón
Ya he dado en este blog las razones por las que hay que llevar un bebé al teatro. Otro día hablaré de las razones por las que es importante acompañar a un bebé al teatro y las distintas formas en las que se puede plasmar ese acompañamiento. Hoy me gustaría destacar cómo un montaje como Jop puede enriquecer la experiencia de madres y padres fortaleciendo la relación de apego con el bebé en un entorno lúdico y nada rutinario, alejado de las prisas y las preocupaciones habituales. Desde que se apaga la luz, Lovecchio y Tejón nos transportan a una realidad escénica paradójica: en calma y en continuo sobresalto, en la que las vías de comunicación dominantes son visual y auditiva, los dos sentidos más desarrollados de los bebés. Cada bebé que asiste en brazos de su madre (o padre) a este espectáculo se lleva una sorpresa final y una experiencia única: los recuerdos de los estímulos más relevantes para él (visuales y sonoros), asociados al olor de su madre, a sus caricias o a su forma de mecerlo siguiendo el ritmo de la música. Esta asociación perdurará como recuerdo en la mente del bebé, y conformará parte de su experiencia emocional, aunque al salir no nos pueda decir con palabras que le ha gustado.

Cuando llegué a casa le pregunté a mi hijo de tres años qué le había parecido la obra, a sabiendas que su experiencia habría sido totalmente distinta, mediatizada por su etapa de desarrollo, en la que prima lo verbal: mamá, había un pez que quería escaparse de su pecera para nadar con otro grande por el mar. 


Un titiritero por cada cien madres

En los Encuentros Te Veo Valladolid 2016 (que este año cumplen la mayoría de edad pero no dejan de ser niños) con M de mujer, música y marionetas, no podían faltar Los titiriteros de Binéfar, que añaden a estas tres la M de maravilla. Teníamos las entradas desde hace un mes y las ganas de bailar instauradas en los genes. Iba a ver a los Titiriteros con mi hijo pequeño y su "novia", los dos de tres años. ¿Estás segura?, me preguntó su madre, que ya sabes que es muy revoltosa , ¿podrás con ella? Yo no, contesté, pero los Titiriteros pueden con esto y más, y le envié un vídeo de su espectáculo en YouTube.

Canciones de titiriteros es un espectáculo en el que la música es el hilo conductor que consigue el objetivo principal de esta compañía: contactar con el público. Está dirigido a un público muy infantil, entre dos y cinco años aproximadamente, ese tipo de público que aún no está seguro de si las marionetas son o no de carne y hueso y vive los títeres como si estuviera dentro del escenario, aunque en el caso de los de Binéfar, su cariño por el público es tan manifiesto que son ellos los que se salen del escenario y no al revés. Pretenden contactar con el público y vaya si lo consiguen.


La palabra "titiritero" no deja de tener un sentido que minusvalora esta profesión: ambulantes, callejeros, manipuladores de marionetas, mitad payasos y mitad malabaristas, que cantan canciones populares. Todas estas características tienen los de Binéfar y por ellas deben sentirse orgullosos. La cultura popular necesita más titiriteros que la conserven y sepan transmitírsela a nuestros hijos de una manera tan asombrósamente lúdica con una interpretación musical de calidad: por cada titiritero hay aproximadamente un centenar de madres que canta canciones a sus hijos y no les pone Disney Channel, así que necesitamos muchos...

Ayer los niños sentados en el suelo empezaban a impacientarse cuando salió a escena Eva Paricio, se presentó, y le respondió un silencio ojiplático: niños expectantes por saber qué salía de ese escenario tan prometedor. El espectáculo comenzó con y para los cinco sentidos, ya que en la primera canción se pidió a los espectadores que se abrazaran, besaran e hicieran cosquillas, cosa que hicimos encantados. Después de eso, nos demostraron que el teatro se puede convertir en una fiesta, con ayuda de las marionetas gigantes que siempre acompañan a estos aragoneses con denominación de origen, que además son unos músicos de primera, orquestados ayer por Roberto Aquilúe a la batería, Pablo Borderías a los vientos (estupendo el clarinete) y Faustino Cortés al teclado.

A la salida, sin Eva,  porque estaba acaparada por los niños
Soy incapaz de recordar todo lo que hicimos: cantamos, bailamos, imitamos, coordinamos palmas, interactuamos con las marionetas que salieron del escenario a contar la historia de nuestra mano, tocamos a los famosos elefantes de la tela de araña y en verdad eran ligeros, nos reímos muchísimo y no dejamos de sorprendernos todo el tiempo aunque las canciones ya las conocíamos. Canciones de titiriteros es una manta de patchwork tejida delicadamente por Paco Paricio, que es su director, en la que cada espectador se identifica con un retal distinto, pero todos encontramos nuestra propia parcela.

Yo ya había visto Maricastaña y El bandido Cucaracha, de los que guardo muy buen recuerdo. Anoche, después de muchos bises, nos despedimos con un abrazo escénico de nuestros titiriteros favoritos, deseando volver a verlos muy pronto. Cuando dejé a la "novia" de mi hijo en casa, le conté a su madre cómo había sido el espectáculo y de repente me interrumpió con una pregunta: Tú te lo has pasado muy bien, ¿verdad?



sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Quién da más teatro?

Seis personas pueden construir un universo poético, seis personas pueden retratar la guerra de muchas, porque hay guerras que son de muchas personas, hay guerras que son de un hombre y una mujer y hay guerras que son de una sola persona. Anoche en la Sala Lava, buceamos en el interior de Delmira Agustini, poeta uruguaya modernista de finales del siglo XIX en la obra No daré hijos, daré versos, magistralmente puesta en escena por Teatro La Morena, la compañía de la magnífica dramaturga uruguaya Marianella Morena, galardonada con el Premio Florencio al Mejor Texto de Autor Nacional en 2014.

No me gusta que me intenten dogmatizar en el teatro. Me considero rebelde por naturaleza y librepensadora, y por eso odio cuando un texto se convierte en pretexto, expresión que he acuñado para los malos dramaturgos y guionistas que utilizan los tópicos políticamente correctos para alcanzar desde el agrado a un público mayoritario. Esto no pasó anoche, aunque el tema era muy tentador: la pobre Delmira, muerta a manos de su exmarido, víctima de la violencia de género, taquilla asegurada. Anoche no vimos eso, vimos mucho más, y aunque vimos el interior del personaje, como en las buenas historias, aún nos quedamos con ganas.

Seis personas construyen un universo poético en tres actos, y como los universos son caóticos, la escena por momentos lo es: cambian los personajes, las vestiduras, el lenguaje, el escenario, la época, la simpatía de los espectadores por unos u otros...Desde un planteamiento muy original y una visión personal que denota un profundo estudio del personaje en el que se inspira la obra, el texto de Marianella Morena es rompedor, rompe con todas las leyes: la linealidad temporal, el diálogo, la correspondencia personaje-actor, la diferenciación entre texto y música....

El primer acto se desarrolla en una cama, el segundo en un sofá, el tercero no tiene escenario, pero yo lo ubiqué en una mesa de disección. A Delmira Agustini la mataron dos balas, pero no hizo falta, porque anoche aprendimos que ella ya estaba muerta. No la mataron su marido, ni el destino, ni las circunstancias, porque su espíritu no encontraba lugar en este mundo y ya se había ido con antelación. Ser mujer es un ejercicio de multiplicidad, como dice Pedro Guerra en su canción Daniela, estamos llenas de puertas, unas cerradas, otras abiertas, independientemente de que algunas paren versos y otras hijos. Eso es lo que refleja el texto de Morena: ¿cuántas mujeres habitan una esposa y a cuántos maridos hablan cuando intentan hacerse entender? ¿es posible el entendimiento? y si lo es ¿puede mantenerse a lo largo del tiempo?



El de ayer no fue un viaje fácil ni tranquilo. Viajamos por los tres actos de sorpresa en sorpresa. No fue un viaje cómodo, porque el texto nos exigía adaptarnos con él a sus distintos giros: del personaje múltiple a la recreación de época, de ésta al metateatro, y así un sinfín de vaivenes escénicos que requerían alta concentración, aunque uno puede estar concentrado y gozando a la vez, que fue mi caso.

Viendo No daré hijos, daré versos, tuve la extraña sensación de que la obra había evolucionado en sus representaciones. Me pareció por el trabajo actoral que el texto se había convertido en ese hijo que negaba el título, que lo habían hecho suyo y había crecido en su interior colectivo. Me gustó muy especialmente el trabajo de Mané Pérez por la versatilidad de su personaje y su capacidad como actriz para cambiar de registro. Lucía Trentini y Agustín Urrutia nos hicieron temblar todo el tiempo, de miedo, de ira, de excitación, de risa. Tardaré mucho en olvidar la preciosa voz de Trentini que insertaba canciones en la escena comenzando en solitario y terminando en coral. Laura Báez me gustó especialmente en el primer acto y Domingo Milesi y Leonardo Noda en el segundo. 

Si entendemos que en el interior de Delmira había todo un universo, anoche con Teatro La Morena lo recorrimos entero, sorprendiéndonos en cada recoveco, en cada desnivel de su terreno, enamorándonos con un lenguaje poético actual y penetrante, empatizando con cada personaje, porque a todos entendíamos, porque en la historia todas sus actitudes encajaban a la perfección, sufriendo con cada uno su drama personal. Anoche descubrí que apostar por La Morena es una inversión segura porque ¿quién da mas, quién da más, quién da mas teatro?


jueves, 10 de noviembre de 2016

Young great monsters

Ayer tuve la suerte de ver la versión más moderna del Shakespeare más clásico: Green eyed monster, un montaje sobre Otelo orquestado por La Nave, el proyecto multidisciplinar del Teatro Calderón para reclutar y formar a jóvenes artistas. No había visto anteriores producciones de La Nave, así que iba al teatro sin ideas prefijadas y me encontré con un espectáculo arriesgado, joven, divertido, comprometido y tremendamente profesional. 

El objetivo de La Nave es provocar la reflexión a través de las distintas disciplinas artísticas uniéndolas en  el metalenguaje escénico, en una experiencia estética común en la que todos aprenden de todos. Un proyecto precioso, innovador y además, autóctono, que desde ayer se merece toda mi admiración y respeto. Esta Nave se apoya en una tripulación de categoría: Nina Reglero dirige y se encarga de la dramaturgia, Chevy Muraday hace música con los cuerpos de los marineros y Carlos Nuevo coordina un espacio escénico tan versátil y voluble como la mente de un adolescente, en el que el espectador no se pierde porque es guiado por la magistral iluminación de Luis Perdiguero

Green eyed monster es un monstruo escénico que contiene en sus entrañas un fragmento de Otelo, adaptado con un lenguaje muy actual pero respetuoso en sus formas e interpretado por unos jóvenes actores profesionales. Javier Prieto (Otelo) nos hizo temblar todo el tiempo con los altibajos emocionales de Otelo. Alba Pérez  (Desdémona) nos enamoró desde el enfrentamiento con su padre hasta la canción del sauce, interpretación impecable. Álvaro Vázquez (Yago) consiguió que su personaje alcanzara una complicidad con el público que hizo que éste se olvidara de que era el ideólogo de la tragedia. José Francisco Ramos reflejó perfectamente en Casio al brazo ejecutor inocente y manipulado. María Prado encarnó en Emilia al principal tema de denuncia de la obra: la sumisión de la mujer ante el abuso del hombre, invitándonos al final a guardar un segundo se silencio por todas las víctimas de feminicidios que se cuentan en lo que va de año en nuestro país.



Antes de ver ese interior clásico shakesperiano, La Nave nos arrastró en un vertiginoso viaje por la celotipia de Otelo en un idiosincrásico punto de vista frenético y multidisciplinar: un punto de vista joven. Los jóvenes se expresan con música y escuchamos música en directo, preciosa. Los jóvenes a veces defienden a gritos sus ideas, y hubo gritos. Los jóvenes son dinámicos, y la magnífica coreografía convirtió a los navegantes en un bosque brazos y prendas de vestir que viajaban con la historia de forma tan precisa que a veces daba la sensación de que sobraban las palabras, algunos lo llaman magia, expresión corporal o disciplina de escena, yo ayer lo llamé Muraday y no hizo falta nada más. Los jóvenes usan las redes sociales para denunciar y hubo denuncia con consignas muy parecidas a las de dichas redes. A los jóvenes les gusta el rap con mensaje y hubo rap. Obviamente no estaba de acuerdo con todo lo que reclamaron los jóvenes navegantes, como tampoco lo estoy con todo lo que me reclama mi hija adolescente.

Tras la desdichada muerte de Desdémona, volvieron los navegantes a inundar la escena, volvió la música con una canción sobre la violencia de género que a mí particularmente me encantó, y volvió la denuncia con consejos directos: nadie puede coger tu móvil, nadie puede ser tu dueño, nadie puede decirte cómo vestir...Lo único que faltó desde mi punto de vista fue un enfoque más ecléctico, que abarcara a ambos roles (víctima y maltratador) y a ambos géneros, porque no siempre la víctima es una mujer. Considero que es importante proteger a la mujer y también darle armas que la fortalezcan emocionalmente para que se defienda, pero más importante aún es acabar con la guerra de géneros, ésa que arrastramos más o menos desde la época de Shakespeare.....

Me gustó muchísimo lo que vi ayer, pero intuyo que llegar hasta aquí no ha debido ser un viaje fácil, y mientras veía el espectáculo disfrutaba imaginando cómo habría sido esa navegación. Ha debido ser un camino muy enriquecedor para todas las partes, tanto para los jóvenes como para los profesionales. Me parece una idea magnífica usar un autor clásico tan actual a la vez como es Shakespeare como punto de partida para la reflexión estética. En el resultado se percibe este estudio del texto clásico y cómo se ha transfigurado su mensaje a través de las distintas disciplinas: poesía, danza, dibujo, música...Me parece que a estos marineros Shakespeare los ha convertido en monstruos de la escena, en young great monsters.

martes, 8 de noviembre de 2016

En la amígdala de Lorca

Hoy hemos penetrado en el absurdo del teatro irrepresentable de Lorca. El Teatro de la Abadía, a través de los ojos de Àlex Rigola, nos ha hecho bucear en el subconsciente lorquiano más surrealista y pretendidamente provocador de todos los tiempos. Si las amígdalas son una parte del cerebro que procesa el miedo, nuestro comportamiento sexual y nuestra respuesta emocional, se puede decir que hoy hemos estado en la amígdala de Lorca.

Nunca había visto nada dirigido por Rigola, pero recuerdo que cuando oí que había montado El público, pensé que era el director ideal, porque había leído varias entrevistas suyas y, si vive como habla, su vida es metateatro. Nada más entrar al Teatro Calderón me di cuenta de que Rigola había hecho los deberes: diversos paneles llenos de fotografías y citas nos sumergían en la época en que Lorca, alojado en Cuba en casa de los Loynaz, los escandalizaba con sus ideas transgresoras sobre la escena mientras se desahogaba epistolarmente con Dalí o con Martínez Nadal. Me alegré de haber llegado hoy pronto al teatro y estuve un buen rato merodeando por los paneles mientras escuchaba de fondo la música en la cabeza de Federico, que por cierto, me encantó.

La escenografía no podía ser más simple: una cortina fragmentada que reflejaba la luz en tantas maneras posibles como espectadores había en la sala y un suelo de arena para representar el teatro bajo la arena, ése que Federico decía que necesitaba la España de 1930, reprimida aunque supuestamente progresista. Con esta escenografía todo quedaba en manos del trabajo actoral, y éste no nos decepcionó.



A mí me gustó especialmente el Cuadro Segundo, con su diálogo absurdo e impetuoso que ejecutaron vertiginosamente Jaime Lorente  (Figura de Cascabeles) y Alejandro Jato (Figura de Pámpanos). Me encantó la coreografía del Pastor Bobo, a cargo de Laia Durán. Me enamoró la Julieta encarnada por la actriz todoterreno Irene Escolar, que sale de su sepulcro y se enfrenta a hombres y caballos, protagonista femenina en una obra de hombres, tan diferente a las otras mujeres de la obra de Lorca (ojalá Lorca hubiera vivido para crear más Julietas). Me impresionó la capacidad de los caballos (Nao Albet, Laia Durán, Óscar de la Fuente y Guillermo Weickert) para expresar con sus cuerpos brillantes y desnudos lo que la arena del teatro pretendía enterrar.


Preliminares de un desencuentro
Lo único que no me gustó del montaje fueron los caballos travestidos de conejo, y eso que me lo habían advertido antes de ir, que ya había tenido un encuentro en la entrada del teatro y que la simbología era de lo más pertinente. Seguramente se cumplió en mí lo que Lorca decía de esta obra, que iba a hacer desfilar en escena los dramas propios de cada espectador, y mi drama personal es que tengo una vecina que cada noche sale a tirar la basura con un pijama muy parecido a los conejos. En cuanto los vi, me descontextualicé y tardé un rato en volver a la escena. 

El subconsciente es caótico y El público es una obra caótica, donde los personajes se enfrentan y superponen sucesivamente, a veces dentro de la misma escena, los estereotipos se rompen y las caretas caen al suelo o acaban asfixiando a sus portadores. Lo que vimos ayer fue una representación cuidada, respetuosa y fiel al texto original,pero muy peculiar a su vez, porque si Romeo puede ser un grano de sal, ¿por qué no va a poder ser Laia Durán el Pastor Bobo?, si uno se puede enamorar de un cocodrilo, ¿por qué los caballos deben tener apariencia equina necesariamente? 


El público no es una obra que te haga sentir bien, ni tampoco mal. Como otras obras del surrealismo, tu percepción de ella cambia en función de tu estado emocional. Anoche me sentí incómoda. No sé si se cumpliría en mí la pretensión de Lorca de enfrentar a cada espectador a su drama personal, si el caos escénico que en ciertos momentos requiere esta representación alteró mi paz inicial o si sentí tristeza por pensar que el teatro no había avanzado al ritmo que Federico había predicho. En cuanto a Rigola, creo que su montaje supera la propia dicotomía planteada por el autor en esta obra, destruir el teatro o vivir en el teatro, porque consigue ambas cosas y sólo en hora y media.



domingo, 6 de noviembre de 2016

Poesía con tinta de calamar

Ayer mi hija pequeña y yo vimos una historia de mar y de amor. Fuimos al Teatro Calderón a ver la Sirenita de La Canica Teatro y salimos de allí muy enamoradas, la verdad. Cuando voy con niños al teatro, trabajo siempre con las expectativas: intento que disfruten el espectáculo antes, durante y después, que es algo que sólo los niños y los adultos que sienten como niños, pueden hacer. Para jugar con las expectativas, suelo hacerles preguntas sobre lo que creen que van a ver, les cuento un resumen del argumento o les pido que imaginen qué son los componentes del decorado y cuál va a ser su función en la historia. Ayer lo tenía difícil, porque el argumento era archiconocido, no había ningún folleto con información sobre la compañía o el montaje y en el escenario nos encontramos el telón negro de la Sala Delibes: cero expectativas. Intenté el plan b:

-Me han dicho que esta sirenita quiere cambiar el curso de la literatura infantil.
-¿Qué significa eso, mamá?
-No estoy segura, pero espero que al menos tenga cola de pez...
-¡Mamá!

Mira mamá, el mar
Trabajar sobre un cuento clásico es muy tentador para la mayoría de las compañías que hacen teatro para niños, pero no siempre es garantía de éxito, porque a veces el clásico se resiste a las adaptaciones y otras veces el público infantil, que no es tan fácil como algunos creen, se rebela contra la versión moderna. Mientras esperábamos que empezara, mi hija y yo nos formábamos nuestras expectativas: ella, intentando atisbar el escenario y yo, imaginando qué habría hecho La Canica con el cuento de Andersen.

Después de haber visto el montaje, puedo decir que La Canica ha mejorado el cuento, puesto que el pobre Andersen tenía una buena historia a la que dio el sentido dramático característico del siglo XIX, pero nosotras ayer pudimos disfrutar de toda la ternura de esta historia con un enfoque humorístico que nos hizo reír a carcajadas de principio a fin.

El teatro de títeres es un poco cruel con los actores porque su finalidad normalmente es que sean transparentes para el público. Esto era difícil ayer porque nos pusieron por delante a dos actrices de primera que nos encandilaron desde el primer momento con su Sapore di sale: Eva Soriano y Marisol Rozo. Ambas se movieron como peces en el agua por el espacio escénico, convirtiendo el espectáculo en un conjunto de efectos sinestésicos que percibíamos con diferentes sentidos a través de la danza, la música y la voz de las actrices.

En las manos de Eva y Marisol vimos evolucionar a Martina, una sirenita que no quería enamorarse, y a Martín (mi personaje favorito) un vaquero de Lugo al que no le gustaba demasiado el olor a pescado. La escenografía era muy sencilla, con cajas de madera y retazos de tela. Los títeres eran un ejemplo de reciclaje en grado extremo (el sujetador de la sirenita no son dos vieiras, sino un colador de té). Cuando el texto es bueno, no hace falta más: los niños son capaces de ver un pato o un caballo, según el argumento, donde los adultos vemos una bota.


El texto de ayer, a cargo de Pablo Vergne, era muy bueno, Él también trabaja con las expectativas, juega a sorprender al espectador que espera una cosa y descubre otra. El sentido del humor, la ingenuidad y la ternura viajan por los diálogos con un lenguaje infantil, repetitivo, divertido y espontáneo que nos encandiló durante toda la obra. Yo ya sabía que este montaje tenía el premio al Mejor espectáculo de Títeres de FETEN 2016, lo que no sabía era que La Canica Teatro y su director tenían tantos premios que se han visto obligados a dedicar a ellos una página entera de su web, ahora lo entiendo.

Desgraciadamente los 45 minutos pasaron muy rápido y esta sirenita tan poética, que finalmente sí tenía cola de pez, nos dejó con ganas de más y de mar. Nos fuimos de la sala con esa sensación agridulce y la esperanza de que La Canica Teatro vuelva pronto a atracar en un puerto cercano.