domingo, 27 de marzo de 2016

Teatro....eres tú

“Tienes un nivel de teatro incompatible con la vida”, le dije el otro día a una amiga médico, con la que suelo tener largas discusiones tratando de convencerla de que la psicología también es una ciencia. Enseguida ella picó mi anzuelo y me contestó: “Lo incompatible con la vida son ciertos niveles de pH, hasta las depresiones que son como la gripe para los psicólogos, se pueden explicar por un desequilibrio ácido-básico”. “Está bien, le dije, eso es lo que yo quería escuchar, te voy a explicar ahora por qué el teatro es imprescindible para vivir”. La respuesta a esto fue una carcajada y un trago de su cerveza. Mi explicación fue la siguiente:

Empieza un día cualquiera de nuestra vida: suena el despertador. Maldita sea, qué sueño tan lindo estaba teniendo, aunque quién sabe, si es verdad que a veces son premonitorios, puede que se cumpla. Buenos días, cariño. Vaya, es verdad, que hoy él no trabaja, cómo me gustaría que se levantara y desayunara conmigo. No, no te preocupes, quédate en la cama. Qué mala soy fingiendo, voy a imaginar el final de ese sueño mientras se hace mi café. Llegas al metro. Está bien, tengo veinte minutos para ensayar la conversación con mi jefe sobre el cambio de vacaciones. Vaya pintas tiene ése, seguro que va de empalmada al trabajo, y la del tercer asiento, está enamorada, fijo, qué expresión.

Todo eso ha ocurrido durante la primera hora de un día cualquiera de nuestra vida: lo negro es la realidad, el resto, es teatro, la ficción con que le damos forma a esa realidad, nuestra única e intransferible interpretación del mundo, configurada por suposiciones, recuerdos, percepciones mediadas por esos recuerdos, imputaciones de hechos, ensayos de situaciones aún no experimentadas, ensoñaciones, deseos que a veces disfrutamos más que su materialización y cosas que nunca ocurrieron, pero que hemos imaginado tantas veces que ya son parte de nosotros mismos.

Compartimos la realidad con los demás habitantes del planeta, pero esa ficción novelada que usamos para explicárnosla a nosotros mismos por las noches antes de acostarnos es sólo nuestra, es nuestro nivel de teatro. Si tenemos la capacidad de interpretar esa realidad de una forma más positiva para nosotros sin mentirnos, es decir, si encontramos el equilibrio ideal entre realidad y ficción, ése que nos permite sentirnos satisfechos con nuestras vidas y desarrollar al máximo nuestras capacidades en los escenarios diarios en que nos movemos, entonces tenemos un nivel de teatro óptimo, compatible con la vida.

Si no podemos deshacernos de la cruda realidad, si pasan las horas y no tenemos ensoñaciones, si no hacemos atribuciones imaginarias a la vida de los desconocidos con los que nos cruzamos, si sólo fingimos para autolesionarnos ocultando nuestras emociones, si no imaginamos situaciones futuras, si nuestra vida interior está empobrecida y en ella se han instalado el desencanto, la abulia y la rutina, estamos teniendo un nivel de teatro incompatible con la vida, nadie puede vivir sólo de la realidad.


Y como la ficción se nutre de ficción, todo el mundo necesita ir al teatro. Desde Sófocles al Teatro Conceptual cualquiera puede encontrarse, una o varias veces, como me ocurre a mí. Y como el teatro se nutre de la realidad está hecho por personas reales, que hacen única cada representación, como es único cada día de nuestras vidas. Por eso forma parte de lo que los psicólogos y sociólogos llaman ocio activo: aquél que nos exige retroalimentación, es decir, recepción y respuesta.

Por eso sin teatro no se puede vivir, porque el teatro es lo que nos hace ser más que un simple equilibrio entre ácidos y bases. ¿Qué es teatro? ¿Y tú me lo preguntas? Teatro… eres tú.


domingo, 6 de marzo de 2016

Muuuucho teatro

Hoy la compañía Teloncillo Teatro ha reestrenado la obra Muuu...las cosas de Celia en el Desván del Teatro Calderón. Ellos lo describen como un "espectáculo en mu menor", pero a mi hijo pequeño y a mí, nos ha parecido un viaje desde los prados de Asturias al color, la textura y los sonidos de México, eso sí, bajo la pacífica mirada de Celia, una vaca que resultó estar llena de sorpresas.

La vaca es un animal que siempre ha estado muy ligado a la primera infancia por razones evidentes: a los niños les gustan todos los animales, pero éste además les da de comer. La enorme vaca que preside el escenario ya predispone favorablemente al público infantil que está relajado cuando toma asiento, porque el Teatro Calderón les da la posibilidad de haber estado jugando un rato en la antesala del Desván antes de la función (allí hay cocinitas, peluches, una jirafa de madera y un sinfín de "amigos" que calman los ánimos antes de entrar al teatro para bebés).

Así pues, entramos dispuestos a ver un espectáculo blanquinegro, como Celia, pero de repente, qué onda, Celia ha viajado mucho en los diez años que lleva sobre los escenarios y nos ha traído de México sonidos, colores, flores y hasta banderines que presiden el escenario. Como siempre, Teloncillo sabe captar la fugaz atención del público más pequeño combinando desde un principio sonidos onomatopéyicos con música y pequeños golpes de efecto, en lo que nada es lo que parecía en un principio. Si no te sorprendes ni se te escapa un grito ahogado o un gesto de extrañeza durante estos primeros minutos, lo siento, eres un adulto. Tienes la oportunidad de reencontrarte con el niño que fuiste viviendo este espectáculo a través de  los ojos de tu hijo.

Encuentra la vaca que hay en ti
Una vez transcurridos estos primeros y cruciales minutos, y ganado al público, la obra prosigue con canciones, pequeños diálogos, un número de magia, diversas sorpresas muy coloridas y caricias, muchas caricias de los protagonistas al público (algunas táctiles y otras musicales, porque con la música también se puede acariciar). Dentro de este "espectáculo en mu menor" se encuentran algunos temas del disco 15 besos, grabado por Teloncillo Teatro en 2012, canciones sorprendentes, divertidas, fáciles de aprender para un niño pequeño y casi siempre con mensaje.


15 besos
Ana Gallego, con su voz y su interpretación, y Ángel Sánchez, también con su voz y con muuchos, muuchos instrumentos, nos han hecho gozar durante cuarenta minutos haciendo poesía con las cosas más simples: objetos cotidianos, animales, instrumentos de lo más diverso, juegos, texturas y colores, y para colmo nos han traído la primavera hoy, mientras colea el último temporal de nieve del invierno.

Los orientales comen con las manos porque afirman que hay que experimentar la comida con los cinco sentidos, el teatro para bebés también tiene que llegar a los cinco sentidos. Hoy se ha cumplido, porque me temo que alguien del público se ha comido alguno de los papelillos de Ana en secreto o ha chupado alguno de los instrumentos musicales prestados, pero eso es sólo lo anecdótico. Los bebés que han asistido hoy a Muuu...las cosas de Celia, han crecido: han adquirido nuevas habilidades rítmicas, han escuchado, han compartido con el espectador de al lado (sentarse en el suelo conlleva más contacto), han cantado, se han cuestionado las disquisiciones del argumento (¿una vaca bala o canta como un gallo?), se han sorprendido con la magia y además, les han regalado una careta de vaca. Se puede ser más feliz pero es muuuy difícil.

Careta de recuerdo
Tengo que contaros que es la tercera vez que veo este espectáculo, que para eso tengo tres hijos, y me ha sorprendido mucho cómo han evolucionado Celia, y por supuesto Teloncillo Teatro, con el paso de los años. Yo diría que como compañía teatral tienen las mismas características que la mente de un bebé, la plasticidad y la capacidad de absorber estímulos, la continua innovación, por eso seguramente se han ganado al público infantil y a sus papás, abuelos, y demás acompañantes.

Muuu...las cosas de Celia estará en el Desván del Teatro Calderón hasta el 3 de abril. Os lanzo un reto a los que vayáis a verlo durante estos días: a ver quién sabe decirme cuántos instrumentos utilizan Ana y Ángel durante la puesta en escena. El 4 de abril os doy la solución.