martes, 22 de noviembre de 2016

Rosa caramelo y las niñas listas

Como todo lo bueno se acaba, el domingo mi hija pequeña y yo nos despedimos de los XVIII Encuentros Te Veo con M de Mujer, de Mensaje, de Música y de Meigas, porque con una compañía gallega, nunca se sabe...Vimos Rosa caramelo y otras historias, escenificación a cargo de Talía Teatro basada en cuatro cuentos de Adela Turín, autora italiana conocida por su vinculación al movimiento feminista, cuyos principios vierte en formas literarias dirigidas a los más pequeños para potenciar la coeducación, única base sobre la que se puede construir la igualdad de género.

Tengo dos hijas y un hijo, y me encanta, porque en las casas para educar en igualdad tiene que haber de todo. La igualdad de géneros es algo incuestionable para mí, aunque también lo es el hecho de que en la vida real no siempre se refleja. Aún así, no me considero feminista, porque creo que esta ideología, al defender a ultranzas a la mujer, a veces alimenta la guerra de géneros, y yo estoy en contra de todas las guerras. A mis hijas siempre les digo: de todas las palabras que terminan en -ista, lo único que quiero que seáis es listas.

Aún así, la coeducación es un tema que me interesa mucho y tenía bastante curiosidad por ver el planteamiento que hacía Talía Teatro de estas cuatro historias. Lo primero que me llamó la atención y me gustó mucho fue ver que en el escenario sólo había hombres. Un planteamiento paradójico muy acertado: hombres para contar historias de liberación de féminas oprimidas por otros hombres. Desde esta óptica, los personajes femeninos salen fortalecidos y los masculinos no resultan tan ridiculizados, los estereotipos de género se relativizan.

Con Fernando Fraga y Artur Trillo

Todo el montaje de Rosa caramelo y otras historias es tremendamente dulce más allá de su sugerente título: la combinación de colores del escenario, el traje Rosa de Artur Trillo, su marcado acento gallego, las melodías del acordeón de Fernando Fraga, la forma de hilvanar tres historias a través de una cuarta, el ritmo pautado e intimista del discurso que nos hizo sentir como si nos estuvieran contando cuentos al lado de la chimenea, las ventanas de la escenografía que se abrían hacia otros mundos literarios, y sobre todo, los finales felices para todos.

Creo que Paula Carballeiro, que es una gran contadora de cuentos, ha logrado en Rosa caramelo y otras historias dar un enfoque caleidoscópico a la difícil temática de los roles de género, de manera que tanto niños como niñas puedan aprender de este montaje un mensaje global imprescindible para su integración en una sociedad más justa: sé lo que tú quieras si etiquetarte, no lo que quieran otros. Cuando un caleidoscopio además suena a acordeón, es porque todo lo que vas a aprender de él va a ser bonito.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Un dragón me ha despertado

Domingo, 8:15 de la mañana, silencio, calefacción y ausencia de despertador. De repente, alguien me zarandea, es mi hija de siete años:

-¡Mamá, mamá!

-Vete a la cama, es muy temprano, ¿qué pasa?


-¡Por dios! Anda, vente aquí conmigo y dormimos un poquito más.

Mi hija se metió en la cama, pero en lugar de dormir me hizo un resumen pormenorizado de la obra que vimos ayer en el Teatro Calderón dentro de los XVIII Encuentros Te Veo, con M de Música, de Marionetas, de Magia y de Mitología, porque los dragones son seres mágicos y mitológicos. La obra Hay un dragón en mi bañera  es la adaptación en castellano de Per terra de dracs, que ha tenido mucho éxito en Cataluña, ahora sabemos por qué. 

Con Pep López,
domador de instrumentos
y dragones
El episodio de esta mañana sólo ha sido la guinda final de un pastel que nos hemos comido antes, durante y después, que es como se disfrutan los buenos espectáculos. Ayer veníamos en el coche ya debatiendo sobre cómo sería la obra, porque uno de nuestros cuentos favoritos es de dragones, aunque lo de la bañera nos descolocaba un poco. Cuando llegamos al teatro, nos recibió Pep López con su organillo y un gigantesco dragón junto al que te podías fotografiar, cosa que hizo mi hija encantada. Yo preferí hacerme la foto con Pep, y confieso aquí sin que nadie se entere, que ya estaba encandilada por el organillo y aún no había visto la obra.

Afonix Producciones y Pep López definen este montaje como concierto multimedia y encuentro que es una definición muy acertada de lo que pudimos disfrutar ayer mis hijos pequeños y yo, Todo el espectáculo gira en torno a los dragones, que son el hilo conductor y nexo de las distintas historias que se cuentan, protagonistas de las canciones, misteriosos, inteligentes, entrañables y simpáticos hasta cuando se comen a medio pueblo....Más allá de los dragones están el humor, la música con mayúsculas, el buen hacer de Pep sobre el escenario, la ubicuidad y simpatía de Pep Collell, músico polifacético, y por supuesto, los dibujos animados de Montse Baqués y las ilustraciones de Laura Príncipe.

Photocall de la entrada
Lo de ayer no fue teatro para niños, sino teatro con niños, y eso los niños lo perciben, lo viven y lo disfrutan con diferencia, y por supuesto, los padres también. Cantamos, bailamos hasta el punto de que nos costó mantenernos en nuestros asientos, reflexionamos, conocimos instrumentos nuevos, nos reímos todo el tiempo, nos emocionamos, montamos en patinete con las debidas precauciones..... interactuamos tanto que hasta tuvimos que ayudar a Pep con alguna rima. Yo salí agotada y mis hijos tarareando las canciones que nos habían "prohibido" cantar. Pocas veces salgo del teatro con la sensación de haber disfrutado de un espectáculo redondo de principio a fin, ayer fue una de ellas. Hay un dragón en mi bañera es lo que más me ha gustado de lo que he visto en estos XVIII Encuentros Te Veo.

Desde hace algún tiempo veo que las nuevas tecnologías y el contenido multimedia (como en este caso los dibujos animados), forman parte con mayor frecuencia cada vez del teatro infantil. A mí me parece un acierto porque a los niños hay que hablarles en su lenguaje para captar su atención, y luego te los puedes llevar a donde quieras. Eso ocurrió ayer, con un contenido multimedia totalmente coordinado con el discurso lingüístico de López y musical de Collell. Y una vez captada esa atención que Pep López se encargó de mantener hasta el final, recibimos una lluvia de valores (amor, respeto, empatía, amistad), conocimientos (instrumentos exóticos, fábulas mitológicas, culturas lejanas) y mensajes (acepta las diferencias, desconfía de los secretos, negocia, busca soluciones). Todo ello soportado en un espacio sonoro grandioso y tremendamente divertido con jazz, folk, swing y otros estilos, orquestado por varios músicos que acompañaban a ratos en escena a nuestros dos Pep. Además, entrenamos la memoria y a los mayores nos dieron una clase gratis de inglés...


Va a ser más difícil olvidar a este dragón que encontrar una princesa que se sepa el Himno de Riego. Hoy hemos estado recordándolo todo el día: las anécdotas, las canciones, comparándolo con otras historias que sabemos.  Hemos interiorizado el montaje y nos hemos declarado en rebeldía: vamos a mantener a este dragón en nuestra bañera hasta que Pep López vuelva por tierras castellanas.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Saltando en un mar de sensaciones

Hoy por primera vez he ido al teatro para bebés sin acompañante, ya que mi hijo pequeño había acudido con mi marido en el primer pase de Jop! de Teatro Tyl Tyl y yo he ido en el segundo. Los XVIII Encuentros Te Veo han continuado en el Teatro Calderón con M de mujer, de Música y de Malabaristas, en esta ocasión. Tyl Tyl tiene como objetivo prioritario acercar el arte dramático a la primera infancia desde un entorno lúdico pero íntegramente profesional, para lo cual trabajan con docentes, con madres y con todo aquél que comparta su visión del teatro como forma de explorar el entorno para los bebés y como forma de integrarse en él para los niños.

Jop! no tiene un argumento lineal, su hilo conductor es la sorpresa continua, el sobresalto onomatopéyico y real que se sucede todo el tiempo mientras Daniel Loveccchio y Ave María Tejón se desplazan por un espacio escénico en continuo cambio y cada vez más sofisticado. Esta escenografía de Alfredo Gómez comienza pareciendo los barrotes de una cuna y crece a lo largo de la obra como sus espectadores: tambaleándose al principio, sirviendo de soporte a todos los juguetes que "saltan" de las manos de Daniel y Ave al final. 


Desde una iluminación tenue, relajante, de brillos y destellos que simula el vientre materno, Jop! es un despertar a la vida a través del juego y la música. La expresión corporal, los sonidos repetitivos, el eco como expresión de diálogo entre los personajes, la aparición de distintos instrumentos que apoyan la interpretación y las canciones son los elementos que conectan a los bebés con esta experiencia dramática multisensorial. Durante la obra todo se mueve y crece: los objetos, el escenario, los actores, el ritmo de las canciones...sin embargo, los espectadores contemplan este espectáculo absortos y relajados, concentrados, diría yo, para no perderse nada. El silencio reina en general entre el público, excepto a mis espaldas, que había un cronista de unos dos años que nos iba haciendo un resumen de todo: el pez, el malabarista, las pelotas....porque los niños de dos años se relacionan con su entorno mediante la verbalización, cosa que no necesitan los bebés y por eso disfrutan más de sus sentidos.

Con Daniel Lovecchio y Ave Mª Tejón
Ya he dado en este blog las razones por las que hay que llevar un bebé al teatro. Otro día hablaré de las razones por las que es importante acompañar a un bebé al teatro y las distintas formas en las que se puede plasmar ese acompañamiento. Hoy me gustaría destacar cómo un montaje como Jop puede enriquecer la experiencia de madres y padres fortaleciendo la relación de apego con el bebé en un entorno lúdico y nada rutinario, alejado de las prisas y las preocupaciones habituales. Desde que se apaga la luz, Lovecchio y Tejón nos transportan a una realidad escénica paradójica: en calma y en continuo sobresalto, en la que las vías de comunicación dominantes son visual y auditiva, los dos sentidos más desarrollados de los bebés. Cada bebé que asiste en brazos de su madre (o padre) a este espectáculo se lleva una sorpresa final y una experiencia única: los recuerdos de los estímulos más relevantes para él (visuales y sonoros), asociados al olor de su madre, a sus caricias o a su forma de mecerlo siguiendo el ritmo de la música. Esta asociación perdurará como recuerdo en la mente del bebé, y conformará parte de su experiencia emocional, aunque al salir no nos pueda decir con palabras que le ha gustado.

Cuando llegué a casa le pregunté a mi hijo de tres años qué le había parecido la obra, a sabiendas que su experiencia habría sido totalmente distinta, mediatizada por su etapa de desarrollo, en la que prima lo verbal: mamá, había un pez que quería escaparse de su pecera para nadar con otro grande por el mar. 


Un titiritero por cada cien madres

En los Encuentros Te Veo Valladolid 2016 (que este año cumplen la mayoría de edad pero no dejan de ser niños) con M de mujer, música y marionetas, no podían faltar Los titiriteros de Binéfar, que añaden a estas tres la M de maravilla. Teníamos las entradas desde hace un mes y las ganas de bailar instauradas en los genes. Iba a ver a los Titiriteros con mi hijo pequeño y su "novia", los dos de tres años. ¿Estás segura?, me preguntó su madre, que ya sabes que es muy revoltosa , ¿podrás con ella? Yo no, contesté, pero los Titiriteros pueden con esto y más, y le envié un vídeo de su espectáculo en YouTube.

Canciones de titiriteros es un espectáculo en el que la música es el hilo conductor que consigue el objetivo principal de esta compañía: contactar con el público. Está dirigido a un público muy infantil, entre dos y cinco años aproximadamente, ese tipo de público que aún no está seguro de si las marionetas son o no de carne y hueso y vive los títeres como si estuviera dentro del escenario, aunque en el caso de los de Binéfar, su cariño por el público es tan manifiesto que son ellos los que se salen del escenario y no al revés. Pretenden contactar con el público y vaya si lo consiguen.


La palabra "titiritero" no deja de tener un sentido que minusvalora esta profesión: ambulantes, callejeros, manipuladores de marionetas, mitad payasos y mitad malabaristas, que cantan canciones populares. Todas estas características tienen los de Binéfar y por ellas deben sentirse orgullosos. La cultura popular necesita más titiriteros que la conserven y sepan transmitírsela a nuestros hijos de una manera tan asombrósamente lúdica con una interpretación musical de calidad: por cada titiritero hay aproximadamente un centenar de madres que canta canciones a sus hijos y no les pone Disney Channel, así que necesitamos muchos...

Ayer los niños sentados en el suelo empezaban a impacientarse cuando salió a escena Eva Paricio, se presentó, y le respondió un silencio ojiplático: niños expectantes por saber qué salía de ese escenario tan prometedor. El espectáculo comenzó con y para los cinco sentidos, ya que en la primera canción se pidió a los espectadores que se abrazaran, besaran e hicieran cosquillas, cosa que hicimos encantados. Después de eso, nos demostraron que el teatro se puede convertir en una fiesta, con ayuda de las marionetas gigantes que siempre acompañan a estos aragoneses con denominación de origen, que además son unos músicos de primera, orquestados ayer por Roberto Aquilúe a la batería, Pablo Borderías a los vientos (estupendo el clarinete) y Faustino Cortés al teclado.

A la salida, sin Eva,  porque estaba acaparada por los niños
Soy incapaz de recordar todo lo que hicimos: cantamos, bailamos, imitamos, coordinamos palmas, interactuamos con las marionetas que salieron del escenario a contar la historia de nuestra mano, tocamos a los famosos elefantes de la tela de araña y en verdad eran ligeros, nos reímos muchísimo y no dejamos de sorprendernos todo el tiempo aunque las canciones ya las conocíamos. Canciones de titiriteros es una manta de patchwork tejida delicadamente por Paco Paricio, que es su director, en la que cada espectador se identifica con un retal distinto, pero todos encontramos nuestra propia parcela.

Yo ya había visto Maricastaña y El bandido Cucaracha, de los que guardo muy buen recuerdo. Anoche, después de muchos bises, nos despedimos con un abrazo escénico de nuestros titiriteros favoritos, deseando volver a verlos muy pronto. Cuando dejé a la "novia" de mi hijo en casa, le conté a su madre cómo había sido el espectáculo y de repente me interrumpió con una pregunta: Tú te lo has pasado muy bien, ¿verdad?



sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Quién da más teatro?

Seis personas pueden construir un universo poético, seis personas pueden retratar la guerra de muchas, porque hay guerras que son de muchas personas, hay guerras que son de un hombre y una mujer y hay guerras que son de una sola persona. Anoche en la Sala Lava, buceamos en el interior de Delmira Agustini, poeta uruguaya modernista de finales del siglo XIX en la obra No daré hijos, daré versos, magistralmente puesta en escena por Teatro La Morena, la compañía de la magnífica dramaturga uruguaya Marianella Morena, galardonada con el Premio Florencio al Mejor Texto de Autor Nacional en 2014.

No me gusta que me intenten dogmatizar en el teatro. Me considero rebelde por naturaleza y librepensadora, y por eso odio cuando un texto se convierte en pretexto, expresión que he acuñado para los malos dramaturgos y guionistas que utilizan los tópicos políticamente correctos para alcanzar desde el agrado a un público mayoritario. Esto no pasó anoche, aunque el tema era muy tentador: la pobre Delmira, muerta a manos de su exmarido, víctima de la violencia de género, taquilla asegurada. Anoche no vimos eso, vimos mucho más, y aunque vimos el interior del personaje, como en las buenas historias, aún nos quedamos con ganas.

Seis personas construyen un universo poético en tres actos, y como los universos son caóticos, la escena por momentos lo es: cambian los personajes, las vestiduras, el lenguaje, el escenario, la época, la simpatía de los espectadores por unos u otros...Desde un planteamiento muy original y una visión personal que denota un profundo estudio del personaje en el que se inspira la obra, el texto de Marianella Morena es rompedor, rompe con todas las leyes: la linealidad temporal, el diálogo, la correspondencia personaje-actor, la diferenciación entre texto y música....

El primer acto se desarrolla en una cama, el segundo en un sofá, el tercero no tiene escenario, pero yo lo ubiqué en una mesa de disección. A Delmira Agustini la mataron dos balas, pero no hizo falta, porque anoche aprendimos que ella ya estaba muerta. No la mataron su marido, ni el destino, ni las circunstancias, porque su espíritu no encontraba lugar en este mundo y ya se había ido con antelación. Ser mujer es un ejercicio de multiplicidad, como dice Pedro Guerra en su canción Daniela, estamos llenas de puertas, unas cerradas, otras abiertas, independientemente de que algunas paren versos y otras hijos. Eso es lo que refleja el texto de Morena: ¿cuántas mujeres habitan una esposa y a cuántos maridos hablan cuando intentan hacerse entender? ¿es posible el entendimiento? y si lo es ¿puede mantenerse a lo largo del tiempo?



El de ayer no fue un viaje fácil ni tranquilo. Viajamos por los tres actos de sorpresa en sorpresa. No fue un viaje cómodo, porque el texto nos exigía adaptarnos con él a sus distintos giros: del personaje múltiple a la recreación de época, de ésta al metateatro, y así un sinfín de vaivenes escénicos que requerían alta concentración, aunque uno puede estar concentrado y gozando a la vez, que fue mi caso.

Viendo No daré hijos, daré versos, tuve la extraña sensación de que la obra había evolucionado en sus representaciones. Me pareció por el trabajo actoral que el texto se había convertido en ese hijo que negaba el título, que lo habían hecho suyo y había crecido en su interior colectivo. Me gustó muy especialmente el trabajo de Mané Pérez por la versatilidad de su personaje y su capacidad como actriz para cambiar de registro. Lucía Trentini y Agustín Urrutia nos hicieron temblar todo el tiempo, de miedo, de ira, de excitación, de risa. Tardaré mucho en olvidar la preciosa voz de Trentini que insertaba canciones en la escena comenzando en solitario y terminando en coral. Laura Báez me gustó especialmente en el primer acto y Domingo Milesi y Leonardo Noda en el segundo. 

Si entendemos que en el interior de Delmira había todo un universo, anoche con Teatro La Morena lo recorrimos entero, sorprendiéndonos en cada recoveco, en cada desnivel de su terreno, enamorándonos con un lenguaje poético actual y penetrante, empatizando con cada personaje, porque a todos entendíamos, porque en la historia todas sus actitudes encajaban a la perfección, sufriendo con cada uno su drama personal. Anoche descubrí que apostar por La Morena es una inversión segura porque ¿quién da mas, quién da más, quién da mas teatro?


jueves, 10 de noviembre de 2016

Young great monsters

Ayer tuve la suerte de ver la versión más moderna del Shakespeare más clásico: Green eyed monster, un montaje sobre Otelo orquestado por La Nave, el proyecto multidisciplinar del Teatro Calderón para reclutar y formar a jóvenes artistas. No había visto anteriores producciones de La Nave, así que iba al teatro sin ideas prefijadas y me encontré con un espectáculo arriesgado, joven, divertido, comprometido y tremendamente profesional. 

El objetivo de La Nave es provocar la reflexión a través de las distintas disciplinas artísticas uniéndolas en  el metalenguaje escénico, en una experiencia estética común en la que todos aprenden de todos. Un proyecto precioso, innovador y además, autóctono, que desde ayer se merece toda mi admiración y respeto. Esta Nave se apoya en una tripulación de categoría: Nina Reglero dirige y se encarga de la dramaturgia, Chevy Muraday hace música con los cuerpos de los marineros y Carlos Nuevo coordina un espacio escénico tan versátil y voluble como la mente de un adolescente, en el que el espectador no se pierde porque es guiado por la magistral iluminación de Luis Perdiguero

Green eyed monster es un monstruo escénico que contiene en sus entrañas un fragmento de Otelo, adaptado con un lenguaje muy actual pero respetuoso en sus formas e interpretado por unos jóvenes actores profesionales. Javier Prieto (Otelo) nos hizo temblar todo el tiempo con los altibajos emocionales de Otelo. Alba Pérez  (Desdémona) nos enamoró desde el enfrentamiento con su padre hasta la canción del sauce, interpretación impecable. Álvaro Vázquez (Yago) consiguió que su personaje alcanzara una complicidad con el público que hizo que éste se olvidara de que era el ideólogo de la tragedia. José Francisco Ramos reflejó perfectamente en Casio al brazo ejecutor inocente y manipulado. María Prado encarnó en Emilia al principal tema de denuncia de la obra: la sumisión de la mujer ante el abuso del hombre, invitándonos al final a guardar un segundo se silencio por todas las víctimas de feminicidios que se cuentan en lo que va de año en nuestro país.



Antes de ver ese interior clásico shakesperiano, La Nave nos arrastró en un vertiginoso viaje por la celotipia de Otelo en un idiosincrásico punto de vista frenético y multidisciplinar: un punto de vista joven. Los jóvenes se expresan con música y escuchamos música en directo, preciosa. Los jóvenes a veces defienden a gritos sus ideas, y hubo gritos. Los jóvenes son dinámicos, y la magnífica coreografía convirtió a los navegantes en un bosque brazos y prendas de vestir que viajaban con la historia de forma tan precisa que a veces daba la sensación de que sobraban las palabras, algunos lo llaman magia, expresión corporal o disciplina de escena, yo ayer lo llamé Muraday y no hizo falta nada más. Los jóvenes usan las redes sociales para denunciar y hubo denuncia con consignas muy parecidas a las de dichas redes. A los jóvenes les gusta el rap con mensaje y hubo rap. Obviamente no estaba de acuerdo con todo lo que reclamaron los jóvenes navegantes, como tampoco lo estoy con todo lo que me reclama mi hija adolescente.

Tras la desdichada muerte de Desdémona, volvieron los navegantes a inundar la escena, volvió la música con una canción sobre la violencia de género que a mí particularmente me encantó, y volvió la denuncia con consejos directos: nadie puede coger tu móvil, nadie puede ser tu dueño, nadie puede decirte cómo vestir...Lo único que faltó desde mi punto de vista fue un enfoque más ecléctico, que abarcara a ambos roles (víctima y maltratador) y a ambos géneros, porque no siempre la víctima es una mujer. Considero que es importante proteger a la mujer y también darle armas que la fortalezcan emocionalmente para que se defienda, pero más importante aún es acabar con la guerra de géneros, ésa que arrastramos más o menos desde la época de Shakespeare.....

Me gustó muchísimo lo que vi ayer, pero intuyo que llegar hasta aquí no ha debido ser un viaje fácil, y mientras veía el espectáculo disfrutaba imaginando cómo habría sido esa navegación. Ha debido ser un camino muy enriquecedor para todas las partes, tanto para los jóvenes como para los profesionales. Me parece una idea magnífica usar un autor clásico tan actual a la vez como es Shakespeare como punto de partida para la reflexión estética. En el resultado se percibe este estudio del texto clásico y cómo se ha transfigurado su mensaje a través de las distintas disciplinas: poesía, danza, dibujo, música...Me parece que a estos marineros Shakespeare los ha convertido en monstruos de la escena, en young great monsters.

martes, 8 de noviembre de 2016

En la amígdala de Lorca

Hoy hemos penetrado en el absurdo del teatro irrepresentable de Lorca. El Teatro de la Abadía, a través de los ojos de Àlex Rigola, nos ha hecho bucear en el subconsciente lorquiano más surrealista y pretendidamente provocador de todos los tiempos. Si las amígdalas son una parte del cerebro que procesa el miedo, nuestro comportamiento sexual y nuestra respuesta emocional, se puede decir que hoy hemos estado en la amígdala de Lorca.

Nunca había visto nada dirigido por Rigola, pero recuerdo que cuando oí que había montado El público, pensé que era el director ideal, porque había leído varias entrevistas suyas y, si vive como habla, su vida es metateatro. Nada más entrar al Teatro Calderón me di cuenta de que Rigola había hecho los deberes: diversos paneles llenos de fotografías y citas nos sumergían en la época en que Lorca, alojado en Cuba en casa de los Loynaz, los escandalizaba con sus ideas transgresoras sobre la escena mientras se desahogaba epistolarmente con Dalí o con Martínez Nadal. Me alegré de haber llegado hoy pronto al teatro y estuve un buen rato merodeando por los paneles mientras escuchaba de fondo la música en la cabeza de Federico, que por cierto, me encantó.

La escenografía no podía ser más simple: una cortina fragmentada que reflejaba la luz en tantas maneras posibles como espectadores había en la sala y un suelo de arena para representar el teatro bajo la arena, ése que Federico decía que necesitaba la España de 1930, reprimida aunque supuestamente progresista. Con esta escenografía todo quedaba en manos del trabajo actoral, y éste no nos decepcionó.



A mí me gustó especialmente el Cuadro Segundo, con su diálogo absurdo e impetuoso que ejecutaron vertiginosamente Jaime Lorente  (Figura de Cascabeles) y Alejandro Jato (Figura de Pámpanos). Me encantó la coreografía del Pastor Bobo, a cargo de Laia Durán. Me enamoró la Julieta encarnada por la actriz todoterreno Irene Escolar, que sale de su sepulcro y se enfrenta a hombres y caballos, protagonista femenina en una obra de hombres, tan diferente a las otras mujeres de la obra de Lorca (ojalá Lorca hubiera vivido para crear más Julietas). Me impresionó la capacidad de los caballos (Nao Albet, Laia Durán, Óscar de la Fuente y Guillermo Weickert) para expresar con sus cuerpos brillantes y desnudos lo que la arena del teatro pretendía enterrar.


Preliminares de un desencuentro
Lo único que no me gustó del montaje fueron los caballos travestidos de conejo, y eso que me lo habían advertido antes de ir, que ya había tenido un encuentro en la entrada del teatro y que la simbología era de lo más pertinente. Seguramente se cumplió en mí lo que Lorca decía de esta obra, que iba a hacer desfilar en escena los dramas propios de cada espectador, y mi drama personal es que tengo una vecina que cada noche sale a tirar la basura con un pijama muy parecido a los conejos. En cuanto los vi, me descontextualicé y tardé un rato en volver a la escena. 

El subconsciente es caótico y El público es una obra caótica, donde los personajes se enfrentan y superponen sucesivamente, a veces dentro de la misma escena, los estereotipos se rompen y las caretas caen al suelo o acaban asfixiando a sus portadores. Lo que vimos ayer fue una representación cuidada, respetuosa y fiel al texto original,pero muy peculiar a su vez, porque si Romeo puede ser un grano de sal, ¿por qué no va a poder ser Laia Durán el Pastor Bobo?, si uno se puede enamorar de un cocodrilo, ¿por qué los caballos deben tener apariencia equina necesariamente? 


El público no es una obra que te haga sentir bien, ni tampoco mal. Como otras obras del surrealismo, tu percepción de ella cambia en función de tu estado emocional. Anoche me sentí incómoda. No sé si se cumpliría en mí la pretensión de Lorca de enfrentar a cada espectador a su drama personal, si el caos escénico que en ciertos momentos requiere esta representación alteró mi paz inicial o si sentí tristeza por pensar que el teatro no había avanzado al ritmo que Federico había predicho. En cuanto a Rigola, creo que su montaje supera la propia dicotomía planteada por el autor en esta obra, destruir el teatro o vivir en el teatro, porque consigue ambas cosas y sólo en hora y media.



domingo, 6 de noviembre de 2016

Poesía con tinta de calamar

Ayer mi hija pequeña y yo vimos una historia de mar y de amor. Fuimos al Teatro Calderón a ver la Sirenita de La Canica Teatro y salimos de allí muy enamoradas, la verdad. Cuando voy con niños al teatro, trabajo siempre con las expectativas: intento que disfruten el espectáculo antes, durante y después, que es algo que sólo los niños y los adultos que sienten como niños, pueden hacer. Para jugar con las expectativas, suelo hacerles preguntas sobre lo que creen que van a ver, les cuento un resumen del argumento o les pido que imaginen qué son los componentes del decorado y cuál va a ser su función en la historia. Ayer lo tenía difícil, porque el argumento era archiconocido, no había ningún folleto con información sobre la compañía o el montaje y en el escenario nos encontramos el telón negro de la Sala Delibes: cero expectativas. Intenté el plan b:

-Me han dicho que esta sirenita quiere cambiar el curso de la literatura infantil.
-¿Qué significa eso, mamá?
-No estoy segura, pero espero que al menos tenga cola de pez...
-¡Mamá!

Mira mamá, el mar
Trabajar sobre un cuento clásico es muy tentador para la mayoría de las compañías que hacen teatro para niños, pero no siempre es garantía de éxito, porque a veces el clásico se resiste a las adaptaciones y otras veces el público infantil, que no es tan fácil como algunos creen, se rebela contra la versión moderna. Mientras esperábamos que empezara, mi hija y yo nos formábamos nuestras expectativas: ella, intentando atisbar el escenario y yo, imaginando qué habría hecho La Canica con el cuento de Andersen.

Después de haber visto el montaje, puedo decir que La Canica ha mejorado el cuento, puesto que el pobre Andersen tenía una buena historia a la que dio el sentido dramático característico del siglo XIX, pero nosotras ayer pudimos disfrutar de toda la ternura de esta historia con un enfoque humorístico que nos hizo reír a carcajadas de principio a fin.

El teatro de títeres es un poco cruel con los actores porque su finalidad normalmente es que sean transparentes para el público. Esto era difícil ayer porque nos pusieron por delante a dos actrices de primera que nos encandilaron desde el primer momento con su Sapore di sale: Eva Soriano y Marisol Rozo. Ambas se movieron como peces en el agua por el espacio escénico, convirtiendo el espectáculo en un conjunto de efectos sinestésicos que percibíamos con diferentes sentidos a través de la danza, la música y la voz de las actrices.

En las manos de Eva y Marisol vimos evolucionar a Martina, una sirenita que no quería enamorarse, y a Martín (mi personaje favorito) un vaquero de Lugo al que no le gustaba demasiado el olor a pescado. La escenografía era muy sencilla, con cajas de madera y retazos de tela. Los títeres eran un ejemplo de reciclaje en grado extremo (el sujetador de la sirenita no son dos vieiras, sino un colador de té). Cuando el texto es bueno, no hace falta más: los niños son capaces de ver un pato o un caballo, según el argumento, donde los adultos vemos una bota.


El texto de ayer, a cargo de Pablo Vergne, era muy bueno, Él también trabaja con las expectativas, juega a sorprender al espectador que espera una cosa y descubre otra. El sentido del humor, la ingenuidad y la ternura viajan por los diálogos con un lenguaje infantil, repetitivo, divertido y espontáneo que nos encandiló durante toda la obra. Yo ya sabía que este montaje tenía el premio al Mejor espectáculo de Títeres de FETEN 2016, lo que no sabía era que La Canica Teatro y su director tenían tantos premios que se han visto obligados a dedicar a ellos una página entera de su web, ahora lo entiendo.

Desgraciadamente los 45 minutos pasaron muy rápido y esta sirenita tan poética, que finalmente sí tenía cola de pez, nos dejó con ganas de más y de mar. Nos fuimos de la sala con esa sensación agridulce y la esperanza de que La Canica Teatro vuelva pronto a atracar en un puerto cercano.