lunes, 8 de mayo de 2017

La música es FAscinante

No es ningún secreto que me encanta la música, así que celebrar el Día de la Madre con un concierto didáctico, que además es el colofón del XII Festival de Jazz de Castilla y León en el LAVA, era para mí un plan inmejorable. La combinación jazz y circo que acompañaba al título del espectáculo, Tatatachán, nos dejó a mi hija de siete años y a mí con grandes expectativas, cada una atraída por uno de los términos.

José Luis Gutiérrez, inundado de corcheas ©CHUSMI10

Un buen músico es aquél que consigue contactar con su público más allá de los gustos o la formación musical de éste. José Luis Gutiérrez es un músico FAnstástico y él lo explica así: la música que llega al corazón es la que sale del corazón. Convertir un concierto didáctico de jazz en un espectáculo sinestésico, captar la atención del público menudo con números circenses llenos de ritmo, hacer partícipes y protagonistas a los espectadores en cada momento de la partitura, contagiar entusiasmo y llenar de corcheas hasta el chaqué, no son más que los efectos de este corazón tan musical.

Paula Semprum volando ©CHUSMI10
Tatatachán es el protagonista mudo, anclado al piano hasta el final, de un espectáculo visual y sonoro que ha hecho malabares con nuestras emociones, entre otras cosas. Su hilo argumental es la música, pero su forma de conectar con el público, de aplicar la didáctica que el etiquetado del espectáculo propone, es el circo. Se trata de una relación simbiótica gracias a la dirección de José Luis Gutiérrez, en la que la música se nutre de la fantasía y el dimamismo del circo, y éste se aprovecha del ritmo, la sonoridad y las melodías de la música. Esta simbiosis está sustentada por una iluminación de Antonio Nó que tan pronto recrea el ambiente bajo una carpa como nos lleva a la luna. El empoderamiento del espectador convertido en protagonista y cooperante necesario hace que salgamos del concierto con la sensación de haber hecho nuestras propias acrobacias musicales.

Cuántas cosas hemos aprendido con Tatatachán, a pesar de que su boca de calderón no hablaba, sólo sonreía. Las notas musicales, la FAntasía, el ritmo, la melodía, el cantar de los pájaros, la importancia del equilibrio en cualquier disciplina artística, el acompañamiento musical. Transversalmente, con la suavidad de las lluvias de primavera tardía, nos han calado estos conceptos musicales mientras nos sorprendíamos con la habilidad para los malabares del Tío Pelotas (Manuel Gigosos) y Timbre (Rodrigo Pajarillo) temblábamos expectantes viendo a Pandereta (Paula Semprum) sobrevolar el saxo junto a la luna en un Moon River lleno de ternura, le llevábamos la contraria a José Luis Gutiérrez, o marcábamos con nuestros pies los distintos tipos de compás.

José Luis Gutiérrez, Manuel Gigosos y Rodrigo Pajarillo ©CHUSMI10

Tatatachán nos ha hecho reír, cantar, bailar, tararear, palmear y hasta pensar. Cuando ya nos tenía enganchados con el piano, Gutiérrez tiró de saxo y ya no queríamos irnos de allí. La complicidad que he sentido intercambiando miradas con mi hija durante el concierto (me encanta, mamá) ha sido mi mejor regalo en este Día de la Madre. Los espectadores de Valladolid no queremos esperar todo un año al próximo Festival de Jazz para tener otro concierto didáctico, necesitamos más, porque la música es FAntástica, FAbulosa, FAscinante.


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