domingo, 14 de mayo de 2017

Siglo de Oro hilarante desde Shakespeare a Cervantes

Si no fueran los ronlaleros quienes venían al Calderón, jamás me habría atrevido a proponerle a mi hija de catorce años, en plena semana de exámenes, que viniera conmigo a un montaje sobre fragmentos teatrales del Siglo de Oro, con intención pedagógica, envoltorio sarcástico y resultado hilarante. Pero sí, eran Ron Lalá, y no me lo habría perdido por nada del mundo, a pesar de la lluvia, del miércoles y del derbi futbolístico que había copado todos los informativos de la jornada. La sala estaba llena: el teatro le había ganado de nuevo al fútbol.


Álvaro Tato e Íñigo Echevarría planeando un asesinato ©David Ruiz

El homo sapiens es un ser reiterativo, nuestra historia se repite, y eso hace que los clásicos estén siempre de actualidad, pero, ¿de qué sirve ser actual si no llegas a tu público?  Ron Lalá ha encontrado la solución, el formato que hace atractivo el teatro barroco para el público más ajeno. Según he podido observar, esta fórmula consta de los siguientes ingredientes: estudio preliminar profundo de los textos clásicos de referencia, música temática interpretada en directo, excelencia directiva, ingenio sin límites, interacción con el público y referencias actuales. Todo ello acompañado de un trabajo actoral magnífico. Con estos ingredientes, Ron Lalá es capaz de encandilar en verso incluso al público más lejano al Barroco, a los adolescentes, que llenaban la mitad de la sala.

En Siglo de Oro siglo, siglo de ahora el público sabe que se lo va a pasar bien desde el primer minuto. Una comparsa nos recoge en mitad de la platea y nos transporta en el barco del carnaval que preside una escenografía simplísima pero maravillosamente amortizada. Yo soy de la opinión de que el público se divierte cuando en una obra se ríe de uno mismo, viendo reflejados sus defectos en los personajes y en Siglo de Oro, siglo de ahora nos hemos reído de la sociedad actual, en la que nuestros ídolos no son precisamente poetas, sino personajes que se expresan como si escribieran un sms la mayoría de las veces.


Un maravilloso tercio de cinco ©David Ruiz

Con un vestuario de Tatiana de Sarabia sencillo pero versátil y una magnífica escenografía minimalista, los componentes de Ron Lalá acceden al espacio escénico vestidos de luz y de palabra. En hora y media la iluminación de Miguel Ángel Camacho y la capacidad articuladora de los protagonistas han conseguido que pasemos con éxtasis por las distintas piezas de breves que componían su Folía en una precipitada carrera de personajes (Thalía, Lope, Cristiano Ronaldo, Cervantes, Shakespeare, un licenciado muy pedante, el pueblo de Fuenteovejuna, un enamorado con pocas habilidades oratorias) y temas (la crisis, la literatura, el teatro, el amor, la traición, la envidia, la avaricia del poderoso, la indignación de la sociedad...). Conclusión esta locura convertida en creación colectiva sale bien porque el capitán del barco es Yayo Cáceres.


Locura orquestada por Yayo Cáceres ©David Ruiz

Ya he dicho que me ha encantado el trabajo actoral: de Juan Cañas me quedo además con su guitarra, de Íñigo Echevarría su metateatro, de Miguel Magdalena su Thalía desvergonzada, de Álvaro Tato su Hamlet con instintos shakespearicidas (además del impresionante trabajo de versificación de la creación colectiva) y de Daniel Rovalher su complicidad con el público. Gracias a todos por rescatar el verso del cajón de la élite, por reíros de todo con tanto cariño, por hacernos felices durante hora y media, por destilar lo mejor de los clásicos para los jóvenes, por hacer una Fuenteovejuna flamenca y por cubrir todo lo que tocáis con ese precioso envoltorio musical tan vuestro. No es casualidad que esta obra consiguiera en 2013 el premio Max deseado de las artes escénicas en España, en esta ocasión el de Mejor Empresa o Producción privada de artes escénicas, aunque eso sólo fue el principio. Gracias por hacer el Siglo de Oro hilarante.





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